26 de julio 2002 - 00:00

Scioli lanza candidatura en Capital sin padrino nacional

El peronismo pejotista de la Capital Federal formalizó ayer la primera reunión de dirigentes para blanquear una situación ambigua nunca aclarada: que Eduardo Duhalde retendrá como único cargo partidario la intervención en el partido del distrito (ha renunciado a presidir el partido en su provincia y el congreso nacional del PJ, hoy en manos de Carlos Reutemann).

Esa resolución desplaza, en consecuencia, a la menemista Ana Mosso, designada en su momento por el consejo nacional que domina Carlos Menem y que apeló esa intervención dictada por el congreso de Lanús ante la Justicia, que aún no ha decidido en última instancia quién manda en el peronismo del distrito vidriera y donde le va peor.

•Desprendimiento

Nunca se ha entendido el interés del Presidente en el peronismo de la Capital, salvo que quiera aplicarle el método de todas sus realizaciones -ideas extravagantes, métodos insólitos, resultados para lamentar-. Sin embargo, Duhalde sentó ayer en la mesa de los dirigentes porteños al designado apoderado del partido, Jorge Landau -un abogado que pertenece a su círculo más cercano, tanto que le ha confiado el Registro de la Propiedad Automotor-, aunque debió ceder una prenda. Debió admitir que el interés del peronismo de la Capital está en desprenderse del juego nacional de la pelea por la fórmula presidencial en la interna.

Por eso, la mesa del PJ que sesionó en el comedor del Ministerio del Interior, con Jorge Matzkin en la cabecera, resolvió que el próximo 12 de agosto lanzará una propuesta electoral para las elecciones del distrito, deliberadamente desentendida de la puja de los candidatos nacionales. No dirán lo que no pueden ni quieren decir, y menos si se los escucha hablar en la Casa de Gobierno, que su candidato a la gobernación de la Capital Federal -prefieren ese nombre al tecnicismo de «jefatura de gobierno»- será Daniel Scioli.

Con esos argumentos aspiran a resguardar al actual secretario de Turismo y Deportes del acoso que se dice sufre con ofertas de ser el candidato a vicepresidente de varios postulantes del PJ nacional (el más insistente es José Manuel de la Sota). Una forma de salvar a un importante número de dirigentes, como el que almorzó ayer en Interior, que no siente affeto societatis con Carlos Menem, pero que necesita también escapar del abrazo del oso de De la Sota, que aún no registra peso en la balanza.

En la mesa de ayer estuvieron sentados representantes de todas las tribus pejotistas que dicen querer jugar por adentro del PJ y que quieren aclarar que no se comprometen con nominaciones peronistas por afuera del partido, como las de Mauricio Macri (respaldado por los ex diputados Eduardo Rollano y Guido Freytes), Gustavo Béliz (con una amplia gama de adhesiones peronistas no formales) y ahora Rafael Bielsa (ayudado en esta aventura por el diputado siempre en tránsito Eduardo Valdés). Veamos la lista: Daniel Scioli, Cristian Ritondo (sector Miguel Angel Toma), Juan José Minichilo (menemismo light), Juan Fajín (sindicalista de municipales, sector Amadeo Genta), Alberto Iribarne y Julio Vitobello (duhaldismo), Fernando Maurette (sector Ruckauf), Miguel Angel García Moreno (hoy en el delasotismo). Novedad importante fue la llegada de Diego Santilli, de regreso del belicismo, que lo llevó a una silla en el directorio del Banco Ciudad. «Si Gustavo va por afuera, yo sigo con ustedes», dicen que dijo.

La cabecera de la mesa
-Matzkin-Ritondo-saludó ese mensaje de Santilli con una promesa de los ausentes Freytes y Rolla no: «Si Macri insiste en irse por afuera, nosotros lo abandonamos». Como el presidente de Boca Juniors ya anunció que va por afuera, ese mensaje indica que esos dos ex diputados, que trabajaron en la escultura política de Macri en los últimos años, dan por terminada su obra y se van con la música a otra parte. Scioli dijo que lo mismo les había escuchado en una reunión con los dos ex diputados hace 48 horas, cuando Macri ya estaba de vacaciones en los Estados Unidos.

•Color

Ausentes en la mesa estuvieron los menemistas Raquel Kismer de Olmos, que se resiste a reconocer la valía de Scioli como la mejor candidatura, y el dúo Claudia Bello y Javier Mouriño. La Bello ya tuvo su aventura por el MODIN (es decir, por afuera) en las últimas elecciones; Mouriño estaba ayer en La Rioja y se dijo desentendido de la política del distrito.

Esas ausencias y la presencia de
Landau con las carpetas que hasta ahora manejó Ana Mosso como interventora le dieron el necesario color no menemista a la mesa. Después de todo, la cita era en la casa que gobierna el adversario más duro hasta ahora del riojano en la interna. Tampoco estaba, para cerrar el mapa del peronismo local, Carlos Corach, quien se dice en estas horas sólo de paso por el país en un interregno de su tarea de profesor y researcher en Oxford Univerity, pero cuyos referentes tienen juego propio; Juan Castro está en el delasotismo; su hijo Hernán se alberga en el belicismo.

Para el lanzamiento del 12 de agosto,
Scioli quiere tener redondeado su discurso de campaña: política de gestión, no ideología, quebrar la paradoja de que, en la Capital con Aníbal Ibarra y lo que queda de la Alianza, gobiernan los causantes de los principales problemas del distrito.

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