Los obispos integrantes de la mesa de concertación que coordina el hispánico diplomático Carmelo Angulo lanzaron ayer una dura advertencia: «Hacen falta signos y gestos concretos que muestren un sincero deseo de cambios reales y profundos». Un reclamo dirigido «al gobierno y a todos los estamentos» dirigenciales de la sociedad.
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La reacción de los obispos Juan Carlos Maccarone (Santiago del Estero), Jorge Casaretto (San Isidro) y Ramón Staffolani (Río Cuarto) llamó la atención, aún cuando hace rato se advertía.
No es ajeno a esta reacción de los obispos el que se vincule a la Iglesia con el éxito y fracaso de este diálogo. En su momento los cardenales Raúl Francisco Primatesta y Jorge Bergoglio, en forma discreta hicieron conocer su oposición a mezclar la Iglesia con una iniciativa casi personal de Casaretto, titular de Cáritas. Que con cierto grado de ingenuidad el obispo de San Isidro creyó que terminaría liderando un cambio que hasta ahora no se ha producido. «Nadie renuncia a nada; para todos los que concurren, la culpa la tienen los otros, y así no vamos a ninguna parte», casi rezongó con fastidio anoche uno de los prelados consultados. Y para muchos de ellos el fracaso de la concertación terminará siendo cargado a la cuenta de la Iglesia.
Por eso Maccarone, Casaretto y Staffolani -este último vinculado a Primatesta y con un perfil muy bajo-, reclamaron ayer «al gobierno y a todos los estamentos» dirigenciales de la sociedad, «signos y gestos concretos que muestren un sincero deseo de cambios reales y profundos». En un comunicado leído por los representantes de la Iglesia, criticaron que «si bien son muchas las propuestas que se van recibiendo, son pocos los ofrecimientos de renuncias personales o sectoriales que permitan pensar en una verdadera voluntad de cambio».
• Gestos y signos
En el documento los religiosos condicionaron la «eficacia y la credibilidad» del Diálogo Argentino a que «la dirigencia política, financiera, sindical y empresarial» realicen «gestos y signos» que muestren «un sincero deseo de cambios reales y profundos» a la crítica situación que atraviesa el país.
Además, se preguntaron «¿cómo es posible generar grandes cambios con los mismos actores que han llevado al país a la situación actual?», en una clara crítica a la dirigencia de los diversos sectores. Que incluye al gobierno nacional, al Congreso, los gobiernos de provincias y la dirigencia empresaria y sindical.
Para los obispos, «quizás la respuesta a esta sincera y lógica pregunta sea una de las claves más difíciles de resolver» ya que «si bien hemos comprobado que son muchas las propuestas que se van recibiendo, son pocos los ofrecimientos de renuncias personales o sectoriales que permitan pensar en una verdadera voluntad de cambio».
«Estamos en este diálogo para reclamar la fundación de un tiempo nuevo y no para el intercambio de beneficios económicos o de réditos políticos», señalaron en lo que pareció significar otra crítica a los participantes de las rondas de diálogo.
En esa línea se inscribieron las afirmaciones de que «el pueblo no se siente representado por sus dirigentes» y que «los sectores desconfían unos de otros y buscan en las culpas ajenas la responsabilidad total de lo que ocurre».
Además, advirtieron que «la crisis es muy profunda» y que la sociedad argentina «está seriamente fragmentada» en lo que calificaron como «una crisis de confianza y credibilidad». A pesar de que no quisieron brindar mayores precisiones sobre el contenido de las reuniones que vienen manteniendo, por razones de «confidencialidad», los religiosos indicaron que «la gran mayoría de las personas» han expresado que el país se encuentra en una etapa de «reconstrucción o refundación».