A finales de 1995 Carlos Menem había sido reelecto por abrumadora mayoría de votos. Periodistas de izquierda, como Eduardo Aliverti, expresaban: «El pueblo se equivocó». Horacio Verbitsky -más a la izquierda que Aliverti en ese entonces, pero más sutil- decía entre amigos que no se podía acusar de tonta a la sociedad por cómo votó. Elucubró entonces otras formas de combatir a un gobierno que iba a seguir en la libreempresa y que había sido sufragado mayoritariamente por la gente. Ideó una sociedad que llamó «Periodistas» para ejecutar desde allí el hostigamiento del progresismo criollo.
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Ayer los veintiún miembros que quedaban -incluido Verbitsky-, tras masivas renuncias anunciaron su disolución porque «no nació para perder el tiempo en luchas internas -que no habían existido hasta ahora- sino para la libertad de expresión en la Argentina». Por supuesto no es ésta la razón: nació para atacar la libertad y la iniciativa privada, el no estatismo, pero cuando la izquierda se sube al poder nacional y aplica presiones a la prensa ya no sirve más a los fines del progresismo fundacional de Horacio Verbitsky, Ernesto Tiffenberg (el que ahora censuró a Julio Nudler dirigiendo «Página/12»), Jorge Lanata y otros del sector criollo. Es obvio.
En aquella época reclutaron hombres como Mariano Grondona, Joaquín Morales Solá, Rosendo Fraga, Atilio Cadorín ( fallecido en accidente aéreo), Ricardo Kirschbaum, José Ignacio López, Jacobo Timerman, Santo Biasatti y más no ciertamente del progresismo local ni pro Cuba. Mientras tanto, los progresistas, o los juegan a pertenecer al « progresismo» por temor a escraches, eran los verdaderos manipuladores del ingenuo conjunto.
Algunos miembros reclutados para disfraz por Verbitsky ni siquiera eran periodistas. Otros jamás fueron consultados. Como en Ambito Financiero hay periodistas no apretables sin pasados tortuosos y muy bien informados de muchas tropelías de los fundadores de esa asociación (y suelen enfrentarlos habitualmente) se cuidaron de no invitar ni a uno. Era obvio también frente a sus reales propósitos de escudarse en nombres. «Rescatamos las importantes conquistas logradas», dice el breve texto de disolución de ayer aunque no se conoce ninguna conquista de este engendro a la libertad de expresión. De los veintiún firmantes de esta carta, más de la mitad pertenece a la izquierda criolla o a la «izquierda a partir de que salgo de casa», como alguna vez dijo un miembro.
Se disolvió y no tendrán ni siquiera que cumplir con el contrato de alquiler de la oficina: daban como dirección de «Periodistas» Piedras 1675, oficina «B», en edificio no casualmente pegado al diario «Clarín», aunque el verdadero «lugar de reunión» era el e-mail de Horacio Verbitsky que resolvió bajo el método « dispongo esto, lo difundo, el que esté luego en disidencia que salga a aclararlo». Pocos se atrevieron durante años a hacerlo. Pero con el caso de Julio Nudler estalló todo y se terminó una parodia insostenible.
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