19 de junio 2006 - 00:00

"Si quieren, soy candidato", les dijo Solá a los suyos

Felipe Solá
Felipe Solá
Podemos hablar con el duhaldismo y arreglar para que juntos hagamos una reforma -sugirió un diputado-.

  • No: no quiero tocar la Constitución -rechazó Solá-.

  • Bueno: igual, como está la Constitución, sin necesidad de reforma, vos podés ser candidato.

  • Si ustedes quieren, yo soy candidato -se confesó.

  • Con esas palabras, el jueves pasado, en una cumbre improvisada en las oficinas porteñas del Banco Provincia, Felipe Solá le puso nombre y forma a la operación reelección: descartó aliados, definió formato y, sobre todo, blanqueó su pretensión de extender su permanencia en La Plata.

    Hasta esta tarde, el gobernador nunca se había sumergido en ese abismo de forcejeos políticos y entreveros jurídicos que es la aventura de forzar una interpretación de la Constitución para, imprevistamente para la amplia mayoría, aspirar a una segunda reelección.

    El «expediente re-ree» está abierto y abunda en anexos. A continuación los elementos más relevantes:

  • Lo jurídico está, como siempre, subordinado a lo político. La Suprema Corte bonaerense tiene una mayoría de peronistas aunque no son felipistas -son, más bien, una herencia del alfonsinismo y el duhaldismo, aunque de la era Solá hay tres miembros- y por tanto parece difícil que allí avance cualquier resolución. Por eso, aunque era el primer plan, luego se miró a la Justicia Electoral que se consideró más permeable. Se trata de revisar una cláusula redactada para frenar la elección de gobernador de quien era el vice de Eduardo Duhalde, Rafael Romá, un cafierista que fue del ARI y hoy es embajador de Kirchner en el Paraguay. Se acordó, sin embargo, frenar cualquier acción judicial. Por un lado, para recabar apoyo político; por otro, porque si un fallo rechazaba la interpretación reeleccionista -algo altamente probable-, la embestida de fortalecimiento de Solá podría volverse en contra y agudizar el debilitamiento del gobernador. . El felipismo es una porción del kirchnerismo bonaerense. Todo el felipismo es kirchnerista pero no todo el kirchnerismo es felipista. Ahí radica la primera debilidad de Solá, porque debe compartir el sello K en la provincia que gobierna con sectores y dirigentes que lo repudian y que él repudia. El felipismo es, entonces, una partedel todo pero, a su vez, es una sumatoria de tribus de las cuales no todas muestran igual fascinación ante la intentona reeleccionista. Entonces: ¿qué porción política avala a Solá en esta aventura? La oposición no; el duhaldismo en sus múltiples derivaciones tampoco; el kirchnerismo puro lo cree imposible; y el felipismo está dividido.

  • De allí que todos esperen la palabra del Presidente, que fue esquiva en las últimas horas salvo en un detalle: expresar el descontento con la decisión inconsulta de lanzar a rodar la operación Solá 2007. El mensaje que escucharon los operadores de Kirchner en la provincia fue escueto, pero consistió en pedir que nadie diga que no en nombre del gobierno para no desproteger a Solá, pero dar a entender que, salvo un milagro, la aventura nunca prosperará, pero se debe mantener en vigencia porque ayuda a que no se desordene la provincia.

  • Por eso, los estrategas del felipismo -hay que buscarlos más en la Legislatura que en el Ejecutivo, más allá de que Emilio Pérsico fue el primero en blanquear, como confirmó este diario, la propuesta reeleccionaria- exponen las bondades que, para Kirchner, supondría la segunda reelección de Solá: a) es, debajo de Cristina, quien mejor mide; b) con lo que no obligaría a Kirchner a tener que instalar un candidato para 2007; c) le resuelve a Kirchner un problema nacional: buscarle un destino a Solá.

  • Se sostienen en el supuestode que, como José Manuel de la Sota, Solá debe ser contenido por Kirchner, algo que se volvió más urgente a partir de la irrupción de Roberto Lavagna como una alternativa al patagónico. Claro que en el felipismo son terminantes para abortar cualquier interpretación de «apriete» a Kirchner. «Sea como fuere que termine este proyecto, Solá seguirá jugando en el espacio de Kirchner. No hay otra opción. Además, este espacio, se mantendrá unido y apoyará a un candidato propio», aclaran. Hay ahí un mensaje para el consumo interno: que los que aspiran a que el candidato sea un pos-Solá, como Florencio Randazzo, no se pongan en contra de la operación reeleccionista. El ministro de Gobierno, de hecho, estuvo en la cumbre del jueves y ya le ofrecieron que sea jefe de la campaña de Solá 2007. Bien mirado, parece una ofensa bajarle el rango de «posible gobernador» a edecán de eventual reelecto.

  • No aparece, en cambio, ningún mecanismo posible para desactivar el rechazo del posduhaldismo kirchnerizado. Hasta Graciela Giannettasio, vice de Solá, que dice tener un trato cordial y fluido con Cristina Fernández, descartó cualquier interpretación de la Constitución, como antes lo había hecho el jefe del PJ bonaerense, José María Díaz Bancalari. Más áspero, fue Julián Domínguez, vice del bloque de diputados del PJ: «Hay que evitar la menemización del último año de mandato de Solá», «fauleó» al gobernador. Nunca, Solá fue un menú agradable para el duhaldismo, y menos lo será ahora porque la opción de reelegir por segunda vez alejaría a Díaz Bancalari y a Aníbal Fernández, dos exponentes de ese espacio, de una futura fórmula a la gobernación.
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