20 de diciembre 2000 - 00:00

Sin Chacho ni De la Rúa, se frustró brindis de la Alianza

Fernando de la Rúa y Carlos Chacho Alvarez fueron los grandes ausentes al brindis de anoche de la Alianza, razón por la cual volvió a frustrarse el demorado encuentro entre ambos. El Presidente aseguró a este diario que entre mañana y pasado se producirá la cumbre. «Seguro nos vemos antes de Navidad», trató de acotar fechas De la Rúa, en medio de esta novela de enredos que todavía no tiene desenlace.

Raúl Alfonsín
, varios funcionarios del gobierno nacional y los diputados oficialistas que participaron del evento ya tenían confirmado a media tarde que el ex vice no asistiría a esta cena de fin de año, en el hotel Savoy, por motivos de salud.

De la Rúa
se enteró cuando regresaba de inaugurar el paso de Jama (Jujuy) en la frontera con Chile. A último momento, ya en Buenos Aires, decidió que no tenía sentido ir a la celebración que se había transformado en escenografía para la foto de la Alianza. La excusa fue un supuesto apunamiento presidencial. Rafael Pascual fue el encargado de transmitir a los presentes las disculpas del jefe de Estado.

Darío Alessandro
, alter ego de Chacho y uno de los RR.PP. del agasajo (en su condición de jefe de la bancada aliancista), se ocupó de revelar que Alvarez le había mandado decir que seguía en cama, víctima de un severo malestar gastrointestinal. Tan mal se sentía que ni siquiera pudo hablar telefónicamente con su hombre de máxima confianza en el Congreso.

Desde hace 48 horas, el líder frepasista padece las consecuencias de una ingesta de empanadas y pasteles de dulce de membrillo en mal estado. Malhumorado, no terminaba de reponerse de un cuadro que le produjo, además de previsibles molestias, fiebre alta.

A dúo con el Presidente, Alessandro seguía en la víspera repitiendo que la cita a solas se realizaría «una vez que Chacho se recupere; puede ser entre mañana (por hoy) y pasado (por mañana), sólo falta que combinen agendas». Pero no conseguía restarle suspenso.

Esperanza

A falta del caudillo máximo, irrumpieron en la algarada gastronómica varios delegados del ala «disidente» de la Alianza, entre ellos, Marcela Bordenave (la viuda de Germán Abdala), el intransigente Gustavo Cardesa y Ramón Torre Molina (famoso por promover la segunda instancia para los presos de La Tablada). Llegaron con la esperanza de que no se tratara de «la última cena», en alusión a la amenaza constante de fisuras en la entente radical-frepasista.

Pasadas las 13, Alessandro les comentó cómo evolucionaba la salud de Alvarez a sus lugartenientes del bloque Frepaso, el tucumano José Vittar y el bonaerense Rodolfo Rodil, durante el almuerzo que compartieron ayer. Entre un bocado y otro, despotricaron contra los senadores peronistas por el «chantaje» -así lo calificaronde querer canjearle al gobierno la votación de infraestructura, a cambio de que no veten fondos provinciales del Presupuesto 2001, tal cual amagó José Luis Machinea.

En guardia permanente, habían disciplinado la tropa oficialista para convertir en ley el plan de obras públicas, después de que la Cámara alta le diera media sanción y antes de que terminara el período de extraordinarias, mañana. La escasa predisposición del peronismo a tratarlo -quedaron en hacerlo hoy, siempre y cuando el Ejecutivo respete esos recursos del interior-los había puesto al borde un ataque de nervios. «No pueden hacernos esto, más con un proyecto que también reclaman los gobernadores», se enfurecieron Alessandro y compa-ñía.

Sin embargo, los reproches a puertas cerradas contra el bloque PJ habrían perdido sentido, si hubieran escuchado la diatriba contra
Machinea que le dedicó María América González en su televisivo «rinconcito de los jubilados». En el noticiero del mediodía de América, la frepasista cargó sobre el ministro de Economía, luego de enterarse de que éste volvió a repetir que la reforma previsional podría salir por decreto.

Sin haberla oído,
Alessandro le devolvió una llamada del día anterior y la calmó: «La nueva ley jubilatoria va a salir del Congreso, sí o sí».

El malestar de Alvarez lo puso prácticamente fuera de carrera de otro acto cumbre del aliancismo. El intendente de Avellaneda, Oscar Laborde, lo había invitado para mañana al balance público de su gestión municipal, con la expectativa de sacarse una foto con él y Alfonsín y, de paso, asegurarse centimetraje en los diarios del día siguiente.

No fue la única baja que podría sufrir el jefe comunal del Frepaso.
Alessandro parecía más preocupado por cuidar sus funciones como presidente del bloque oficialista en Diputados que en desfilar por un besamanos en el conurbano bonaerense.

A Laborde
le quedaba la chance de subir al escenario del teatro Roma a Graciela Fernández Meijide, otra de las invitadas VIP, aunque menos cotizada que las demás figuras mencionadas.

Dejá tu comentario

Te puede interesar