Sin Chacho ni De la Rúa, se frustró brindis de la Alianza
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Raúl Alfonsín, varios funcionarios del gobierno nacional y los diputados oficialistas que participaron del evento ya tenían confirmado a media tarde que el ex vice no asistiría a esta cena de fin de año, en el hotel Savoy, por motivos de salud.
De la Rúa se enteró cuando regresaba de inaugurar el paso de Jama (Jujuy) en la frontera con Chile. A último momento, ya en Buenos Aires, decidió que no tenía sentido ir a la celebración que se había transformado en escenografía para la foto de la Alianza. La excusa fue un supuesto apunamiento presidencial. Rafael Pascual fue el encargado de transmitir a los presentes las disculpas del jefe de Estado.
Darío Alessandro, alter ego de Chacho y uno de los RR.PP. del agasajo (en su condición de jefe de la bancada aliancista), se ocupó de revelar que Alvarez le había mandado decir que seguía en cama, víctima de un severo malestar gastrointestinal. Tan mal se sentía que ni siquiera pudo hablar telefónicamente con su hombre de máxima confianza en el Congreso.
Esperanza
Sin embargo, los reproches a puertas cerradas contra el bloque PJ habrían perdido sentido, si hubieran escuchado la diatriba contra Machinea que le dedicó María América González en su televisivo «rinconcito de los jubilados». En el noticiero del mediodía de América, la frepasista cargó sobre el ministro de Economía, luego de enterarse de que éste volvió a repetir que la reforma previsional podría salir por decreto.
Sin haberla oído, Alessandro le devolvió una llamada del día anterior y la calmó: «La nueva ley jubilatoria va a salir del Congreso, sí o sí».
El malestar de Alvarez lo puso prácticamente fuera de carrera de otro acto cumbre del aliancismo. El intendente de Avellaneda, Oscar Laborde, lo había invitado para mañana al balance público de su gestión municipal, con la expectativa de sacarse una foto con él y Alfonsín y, de paso, asegurarse centimetraje en los diarios del día siguiente.
No fue la única baja que podría sufrir el jefe comunal del Frepaso. Alessandro parecía más preocupado por cuidar sus funciones como presidente del bloque oficialista en Diputados que en desfilar por un besamanos en el conurbano bonaerense.
A Laborde le quedaba la chance de subir al escenario del teatro Roma a Graciela Fernández Meijide, otra de las invitadas VIP, aunque menos cotizada que las demás figuras mencionadas.




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