En la competencia por las banderas y estandartes ganó el intendente de Lanús, Manuel Quindimil. Copó la tribuna frente al escenario con una que lo reivindicaba junto a Eduardo Duhalde. Sólo empalideció cuando al comienzo del acto se desplegaron dos enormes banderas por encima de las cabezas en las tribunas altas aportadas por el gremio de los municipales de Alfredo Atanasof.
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• Peteco Carabajal y grupos bailanteros -uno del cantante Daniel Agostini, otro denominado Aventura-, animaron a la concurrencia, en su mayoría del PJ bonaerense, que siguió el ritmo con bombos y banderas. Con la música, los organizadores intentaron disimular que Kirchner -fiel a su estilo- estaba retrasado. Teresa Solá fue quien más siguió el ritmo de Carabajal e intentó contagiar, sin éxito, a Graciela Giannettasio e Hilda Chiche Duhalde, que se sentaban a su lado.
• Nadie pudo disimular el disgusto que produjo el improvisado discurso a favor de Kirchner del rapero que acompaña al grupo Aventura. No sólo se salió de libreto, sino que terminó enviando un saludo al «amigazo» Carlos Caterbetti -coordinador general del acto-, dejando en claro quién había decidido las contrataciones artísticas.
• El centro de los asientos VIP reservados para los invitados sobre el escenario, detrás del atril para discursos, fue ocupado por las mujeres. Cristina Kirchner no cambió su look clásico con pantalones negros ajustados y una campera corta de cuero blanco con tachas. Karina Rabollini eligió un estilo más presidencial, con una tailleur negro con pollera levemente por debajo de la rodilla que se pudo ver mientras la senadora santacruceña le enseñaba a leer pancartas y a saludar a quienes estaban en las tribunas altas. • El único momento de tensión se vivió cuando un muchacho desplegó una bandera de Boca en pleno Monumental. La silbatina fue generalizada y, de inmediato, desapareció el emblema xeneize.
• No hubo problemas con los distintivos de organizaciones sindicales, entre otros, técnicos aeronáuticos -metieron en el estadio un avión inflable de proporciones que flotaba a metros del escenario-, trabajadores rurales de Gerónimo «Momo» Venegas, pasteleros y textiles. Tampoco con delegados del interior -escasos, por cierto- que dijeron presente, por casos, los de Chubut, Río Negro, San Juan, Corrientes, Formosa, Córdoba y, por supuesto, Santa Cruz.
• Los memoriosos anotaban que Eduardo Duhalde cerró su campaña en 1999 con 60 mil personas en el mismo escenario y no pudo ganarle a la Alianza. Anoche, estaban lejos de esa cifra. El primer sector que exhibió plenitud fue la platea Belgrano, justo enfrente del palco, que fue levantado a espaldas de la tribuna San Martín.
• Felipe Solá tuvo algunos problemas para ubicarse. Mientras su esposa se divertía sobre el escenario, el gobernador se perdió por los pasillos armados por organizadores y de repente apareció en el medio del campo de juego. Ahí se dio cuenta que se estaba perdiendo la vuelta olímpica inicial -iba a ser en una 4 x 4 colorada, pero a último momento se decidió ir a pie- que Kirchner y Scioli estaban dando al estadio saludando las tribunas. Solá corrió y alcanzó a aprovechar la mitad de la caminata.
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