Al margen de laconvocatoria a los senadores denunciados por la cuestión de los sobornos en laCámara alta y las explicaciones que él mismo debe aportar sobre sus bienes, eljuez Carlos Liporaci parece que pronto saldrá de estos convencionalismosrepetidos en los medios. Al menos, parece que ahora investiga otros flancosreferidos a las coimas para ver si puede sacar la causa de un destino que en términosgenerales ya se reconoce en la calle como que «no va a pasar nada». Y lo ciertoes que procesalmente hasta ahora no se han recogido elementos suficientes enapariencia para justificar condenas.
Y como todainvestigación reconoce una orientación circular, dos de las personas queiniciaron el caso con las denuncias tal vez deberán volver al despacho delmagistrado, no tanto para confirmar sus dichos sino para agregar o aclarardatos que la inicial memoria quizás les hizo marginar. Por un lado, Antonio Cafieroy, por el otro, Carlos Chacho Alvarez. Ambos, claro, con distintas compa-ñías.
Anónimo
Al senador peronista lopodrían convocar por el «anónimo» que dio origen al tema o cuya difusión, porlo menos, sirvió para hacer más escandaloso el tema de los sobornos. Como sesabe, el «anónimo» era un fax ingresado a la sala de periodistas cuyaprocedencia al principio fue imposible de localizar.
Pero, luego -de acuerdoa las versiones-la tarea del Excalibur permitió detectar la fuente desde dondepartió el «anónimo»: el propio despacho del senador Cafiero. Para añadir que elautor presunto de ese material escrito fue un dirigente político de la zonanorte, Miguel Maldonado, hombre que tradicionalmente le realiza distintosmenesteres en su oficina. Al margen de la pesquisa y lo que puedan proveer losservicios de inteligencia, el juez recurriría también a otros legisladores paraque informen lo que ellos saben sobre este «anónimo», ya que en el Senado esvox populi y repetida la versión sobre su autoría intelectual. En ese aspecto,son varios los representantes radicales que conocen o dicen conocer esto, razónpor la cual Liporaci podría citar a Leopoldo Moreau -conocedor como pocos delas redes de inteligencia y, según se afirma, responsable de una investigaciónpropia-, José Genoud y José María García Arecha, entre otros.
Conversaciones
En cuanto a Cafiero, alos fiscales les interesa conocer las conversaciones que sostuvo sobre laspresuntas coimas se limitaron a los tres senadores por él mencionados o siexistieron comentarios o diálogos con algún colega del PJ.
El otro capítulonovedoso del tema «sobornos» se vincularía al renunciado vicepresidenteAlvarez, quien -a pesar de que ésa fue su intención-no ha podido enterrar conun desmentido la información periodística que le atribuyó haber dicho que «Dela Rúa pagó las coimas» (tapa y texto de la revista «Siglo XXI»).
Alvarez, quien nuncamás habló desde que descalificó a los periodistas, tal vez debería someterse aun careo con los hombres de prensa y, simultáneamente, explicar -como exfuncionario que conoce la urdimbre administrativa del Estado-las razonestécnicas que podrían avalar el sentido de esas declaraciones que él dice nohaber hecho (por ejemplo, si el jefe de la SIDE puede hacer determinadosmovimientos de di-nero por su propia cuenta y sin autorización de un institutosuperior como el Ejecutivo).
En rigor, si Liporaciconvoca a Alvarez y a los periodistas repetiría la misma acción que en sumomento aplicó al senador Emilio Cantarero y a una cronista del diario «LaNación». Para las fuentes judiciales, Alvarez -luego de haber pasado dos vecespor tribunales por la denuncia-resultó mucho más elusivo que el senador salteñoa la hora de confirmar sus sospechas de soborno (lo que comprueba cualquierneófito a la hora de revisar sus módicas expresiones ante la Justicia).
Aunque no estáprecisado el número de periodistas que podría convocar Liporaci -si sigue esalínea investigativa, la que obviamente a veces se retrasa por las exposicionesde los senadores y su propia defensa por la casa que se compró-, trascendieronque algunos nombres podrían ser el de Jorge Lanata, Ernesto Tenenbaum (acaso elmás clave), Horacio Verbitsky y Andrés Kliphan.




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