También Telerman piensa ya en reelección para 2007

Política

Llegó de rebote Jorge Telerman, claro, y luego de haberpadecido en silencio cierto «ninguneo» de su antecesor, Aníbal Ibarra. Por no hablar de hostilidad, ya que como Néstor Kirchner a Daniel Scioli, el ex jefe de Gobierno -apenas instalado en su cargo- lo despojó a Telerman de lo que más quería: el área de Cultura de la Municipalidad. Como al vicepresidente le quitaron Turismo. Gajes de ser segundo.

Casi en una isla -dedicado a sus canarios o a perfeccionar su debilidad por la cocina- vivió Telerman todo este tiempo de Ibarra: sin margen en la administración porteña, tampoco en la cofradía peronista capitalina que, desde la Casa de Gobierno, controla el jefe de Gabinete Alberto Fernández. Su vida en la ermita política cambió en noviembre, cuando lo suspendieron al jefe de Gobierno y algunos pensaron, con razón, que podría heredar el cargo por el natural trámite sucesorio. Entre ellos el atento Carlos Zannini, secretario Legal y Técnico de la Presidencia, confidente de Néstor Kirchner, también uno de sus intérpretes y, según algunos, el único que cada vez menos que más en ocasiones le discute alguna decisión. Fue ese funcionario quien convocó a Telerman a Parque Norte, a la blindada agrupación Compromiso K, para empezar a habilitarlo en el entorno santacruceño por si los astros no bendecían a Ibarra. Y ocurrió: desde ayer, para Telerman, la luz al final del túnel se convirtió en un fogonazo encandilante.

No sólo completar un mandatohasta el año próximo le corresponde a Telerman: terciará, sin duda, en una posible lista de eventuales candidatos porteños a la renovación del cargo que acaba de adquirir. Dispone de tiempo, también de un presupuesto envidiable y de cierta capacidad administrativa: alguna vez ordenó los números de la Cancillería -tiempos de Guido Di Tella-, también se dedicó a contabilidades mínimas de su negocio «La Trastienda», la función no le es ajena porque su patrimonio original proviene de un laboratorio paterno (de ahí que si bien derivó a hombre de la noche, culterano y dilettante, su profesión de origen es la de técnico químico).

• A favor

La política, claro, la pondrá la Casa Rosada; siempre y cuando, como es obvio, no lo sancionen las encuestas. Cuenta con un antecedente a favor: el terremoto Cromañón casi ni lo salpicó cuando él disponía de un local nocturno -del cual luego se desprendió en parte- y era un empresario noctámbulo al que podían semejar con el controvertido Omar Chabán (al menos con los vicios que rodean a ese negocio, transas propiciantes de la tragedia). Pero él cruzó el charco por arriba mientras Ibarra se hundía en el fango.

Mister Celofán, dirían en «Chicago» (o Garabombo, citaría él de acuerdo a las nuevas y telúricas expresiones indígenas del Altiplano, a las que está obligado a adherir), un doble talento para pasar inadvertido y, al mismo tiempo, no despertar ni una sospecha de ocultamiento. No será lo único que opondrá, en la larga marcha a su propia continuidad, a presuntos y esperanzados rivales en la interna del kirchnerismo por la Capital: el tesonero Scioli, el advenedizo Carlos Heller, el impaciente Roberto Lavagna. Combates de fondo y semifondo entonces que jamás imaginó cuando desde Villa Crespo avanzó hacia la política, justo cuando venía de otros ejercicios: cierto interés por la Semiología (hizo cursos de Filosofía con otro hijo de empresario próspero, Tomás Abraham) y alguna vocación por el periodismo o esa actividad así llamada en televisión cuando compartía mínimo cartel y segundos con Marcelo Tinelli en un programa ómnibus de Juan Alberto Badía. Era todo lo que prometía este ex militante de la Juventud Comunista, con amigos del Partido como Jorge Asís y algún coqueteo sentimental con la desaparecida sueca Dagmar Hagelin.

Desocupado de esos quehaceresartísticos, algunos amigos -para cumplir con la misión de su apellido, hombre que habla, y ganarle un sustento- le encontraron labor como portavoz de Antonio Cafiero. Ingreso de lujo, al menos para dar explicaciones con suficiencia intelectual en el exangüe peronismo, más para esa corporación bonaerense (también fue portavoz de Eduardo Duhalde), de la cual luego emergió como diplomático en París (acompañando a Italo Luder) y, más tarde, como embajador en La Habana, su sueño de pibe, gracias a Carlos Menem. Tan Mister Celofán su vida que en tiempos del radical Fernando de la Rúa, gracias al sushi y al grupo Sushi, se pegó a la causa de la Alianza y así llegó a ser secretario de Cultura de la Municipalidad, seguramente porque le habló de Albert Camus a Darío Lopérfido, quien tenía una foto del autor de «El Extranjero» en su escritorio.

Casado con una actriz, Eva Piccolo, con dos hijos y cierta autonomía en los hábitos ( debilidad por los foulards, luego por trajes, camisas y corbatas negras, ahora por los sombreros como si fuera uruguayo como el ex embajador Alberto Volonté), vanamente intentó capturar la audiencia porteña presentándose como diputado. A pesar de las provocaciones de sus carteles («judío de mierda, negro sucio, puto asqueroso»), esa campaña contra la discriminación no le valieron más de los 100 mil votos necesarios para el cargo. Distrito difícil la Capital, a la que entró luego con su compañero jefe Ibarra, del cual ahora se ha desprendido para sucederlo y, si es posible, sucederse a sí mismo en 2007. Y con el peronismo porteño a cuestas que jamás se soñó con un Telerman de candidato, por apariencia y lenguaje, pero desde que dispone de caja hasta lo sospecha con la morocha melena del general. A él, justamente, a quien de párvulo, por los rizos, en el barrio le decían Principito.

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