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Aníbal Fernández
Otro que dice respetar la veda electoral pero teje incansablemente es Sergio Massa, de la ANSeS, ahora envuelto en un silencio estratégico. El hombre de Tigre aplica la receta que mezcla información con oportunismo para decidir su destino.
Massa aparecía hasta hace unos meses en un segundo pelotón de potenciales sucesores de Felipe Solá, pretensión que confesó en febrero de 2005 el ministro del Interior, y en un rapto de fiebre de verano alguien se animó a incluir pocos meses atrás a Taiana.
¿Es probable que Graciela Ocaña, titular del PAMI y suplente de Cristina Fernández en las elecciones de 2007, integre la fórmula 2007 en Buenos Aires? La provincia es ancha y profunda como la generosidad de Kirchner con los neófitos. Revisar si no el expediente Pampuro.
Hay matices. A Filmus, que figura en todas las trifectas, lo empujan a competir, mientras otros, como el Fernández de Quilmes, se lanzaron -aunque previo avisopor cuenta propia. Lo mismo Di Cola, y aunque sea para fantasear con un destino, el plan Garré en la Capital.
A De Vido, quizá los que lo quieren lejos le auguran un traje de bombero para hacerse cargo de la herencia de Sergio Acevedo en Santa Cruz que ahora soporta Carlos Sancho. Es sólo un operativo de distracción: en 2007, ese cargo lo ocupará Alicia Kirchner, y su hermano la apoya.
El anexo sobre kirchneristas con base en el Congreso que buscan destino lo inaugura el jefe del bloque de Diputados del FpV, Agustín Rossi, que quedó como candidato oficial en Santa Fe luego de que Carlos «Lole» Reutemann avisó que no tiene planes para 2007.
Diez días atrás, Alberto Fernández viajó a Rosario para escoltar a Rossi y, con la excusa de una presentación editorial, coronarlo como el hombre de Kirchner en la provincia para, cuando corresponda -si corresponde-, disputarle la gobernación a Hermes Binner.
En aquel palacio la lista es infinita y por encima de Rossi debe citarse a Cristina Fernández, más de una vez postulada por su esposo para ser candidata a presidenta en algún turno próximo. « Algún día va a ser», dijo Kirchner en Chile. «Un pingüino o una pingüina», repitió en el Sur.
En un plano menor que el de las ligas mayores, el contingente de viceministros y subsecretarios que dedican algunas horas diarias a cincelar eventuales candidaturas en sus distritos también es voluminoso.
Daniel Arroyo, segundo de la cartera de Desarrollo Social, inició un sobrio operativo de instalación en Vicente López, municipio que gobierna el radical Enrique «Japonés» García, por estas horas de viaje con Kirchner por España. Arroyo tiene, además de vuelo propio, el aval de Alicia Kirchner.
Otro con soporte oficial es Pablo Paladino, viceministro del Interior, que mientras cimenta la postulación de Aníbal F. -en definitiva su jefe inmediato- juega su propio destino en Lomas de Zamora, contra Jorge Rossi, alcalde que volvió a ver el sol con la aparición de Roberto Lavagna.
Del anibalismo a los « margaritos K» -también los hay radicales, de Stolbizer- para detectar la pretensión del ex arquero de Gimnasia y Esgrima, Carlos Castagneto, hoy multisecretario del Ministerio de Desarrollo Social, para ser intendente de La Plata contra Julio Alak.
De ese núcleo, que toma a la hermana Alicia como gurú, surgen además otros dos pretendientes a intendencias del conurbano, tan atractivas como difíciles de conquistar.
Se trata de Mariano Cascallares, que se anota para pelear en Almirante Brown contra el reinado de Jorge Villaverde y Fernando Gray, secretario de Comunicación y Desarrollo Social, que toma carrera para embestir contra Alberto Groppi en Esteban Echeverría.




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