16 de octubre 2003 - 00:00

Trompadas y asistencia récord a acto radical

El radicalismo consiguió reunir 2.600 comensales el martes por la noche en una cena de conmemoración por el 40º aniversario de la presidencia de Arturo Humberto Illia. Sólo empañó el encuentro una trifulca armada por un sector de la juventud radical -los ahora ocupantes del famoso comité de la Junta Coordinadora de la calle Formosa-que emprendieron a trompadas a la salida del encuentro contra Nito Artaza y sus seguidores. El actorcandidato había osado sentarse en la mesa cabecera que presidía Raúl Alfonsín, una afrenta que los jóvenes radicales no soportaron por considerarlo demasiado nuevo en las lides partidarias y aliado del antialfonsinista Cristian Caram y el haber desplazado de ese lugar a candidatos que habían ganado elecciones. Tampoco le perdonó la militancia que se haya sentado junto a Jairo, otro artista radical que es símbolo de cualquier acto partidario. Como Artaza previó el escándalo, le pidió a su mujer que se retirara unos minutos antes.

La reunión fue un repaso casi perfecto de la dirigencia partidaria que sobrevive con melancolía después de la catástrofe que significó el gobierno de Fernando de la Rúa.

La convocatoria ya superó con creces el número imaginado. Los radicales se habían reunido la última vez en un retiro espiritual en un campo donde la concurrencia no superó los 100 dirigentes. Fue sólo unos meses después de la caída del gobierno radical.

A la reunión no faltó ninguna línea interna del partido, salvo Caram, que está en una etapa de reflexión después de la derrota en la Capital Federal-y ya no aparece más. Angel Rozas, presidente del Comité Nacional, encabezó los discursos junto a Alfonsín. Les pidió a los presentes «no achicarse porque tenemos que volver al poder con políticas nacionales y populares» y se criticó a quienes se manejan con conceptos similares a la transversalidad kirchnerista: « muchos se están sometiendo a la rapiña en el partido, la UCR no está para servir a los dirigentes, sino a la gente».

Por supuesto que hubo elogios a la gestión de Illia. Más temprano, los actos de conmemoración de los 40 años de la elección del cordobés como presidente habían comenzado con un seminario en el Comité Nacional.

Allí Lucio García del Solar, embajador del gobierno de Illia, explicó los éxitos diplomáticos de la época como la resolución de la ONU sobre el reconocimiento de las islas Malvinas, la firma del Tratado de la Cuenca del Plata -que radicales reivindican como el comienzo del Mercosur-o la firma del Concordato con el Vaticano que terminó con una lucha por la nominación de obispos que se había iniciado durante la presidencia de Roca cuando en la Santa Sede reinaba Pío XII.

A
García Tudero le tocó explicar cómo Illia había abierto los mercados de China cuando ni siquiera existía allí un embajador argentino, colocando parte de la cosecha de trigo o el primer contrato de venta de carne a Rusia.

En la cena,
Alfonsín elogió el «ejemplo de austeridad y de buen gobierno para todos», y luego vaticinó que «en dos años va a tener un enorme resurgimiento; va a estar en condiciones de ganar las elecciones».

El encuentro congregó a los más antagónicos sectores del radicalismo. Desde el gobernador mendocino Roberto Iglesias al catamarqueño Oscar Castillo, hasta los bonaerenses Leopoldo Moreau y Federico Storani y dirigentes estudiantiles de Franja Morada.

En las mesas podía verse desde los ex furiosos delarruistas hasta el santafesino
Luis «Changui» Cáceres, Rodolfo Terragno, Juan Manuel Casella, José María García Arecha, Pablo Verani y la familia del fallecido ex presidente, Ricardo Illia y Leandro Illia, hermano e hijo, y Ema Illia, acompañada de Ricardo Pueyrredón, un histórico del radicalismo que se ocupó del ceremonial de la Casa Rosada durante el gobierno de Alfonsín.

Todos había pagado una entrada de $ 20 por la cena que incluyó ensalada de verdes con tomates cherry, pollo relleno en masa filo con panaché de verduras y una tulipe con helado.

La armonía terminó cuando muchos se habían retirado. Con la excusa de haber usurpado la mesa principal por unos minutos -Artaza sólo se sentó con su esposa a la mesa principal mientras dialogaba con algunos presentes-, los radicales, amantes de la interna por sobre todas las cosas, llegaron a juntar firmas en el mismo momento para repudiar al cómico por haber violado el protocolo.
Sólo la intervención de Rozas impidió que las trompadas que se armaron a la salida llegaran a más.

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