13 de abril 2006 - 00:00

UCR decidirá en una cumbre si será oposición

«El radicalismo debe ser el único partido que cuando gana en un distrito, en realidad, está perdiendo. Al día siguiente de una victoria, a nuestros gobernadores e intendentes los llaman de la Casa de Gobierno y chau. Esto ya no es un problema coyuntural, es una cuestión para analizar a nivel de partido. Me animo a decir que, así, no sé si conviene ir a elecciones.» El relato crudo, de un dirigente del radicalismo, no hace otra cosa que dejar claro algo que es evidente: los caciques con éxito electoral en la UCR son tentados enseguida por el kirchnerismo a pasarse a sus filas -o, por lo menos, a votar junto con ellos- en un proceso que pasa desde la seducción hasta la presión haciendo siempre base en la necesidad de todo gobernante del interior de tener los fondos para mantener funcionando su provincia y su municipio. Ejemplos ya sobran, desde Santiago del Estero hasta Río Negro, pasando por el caso correntino.

Esta regla argentina será la base para entender un proceso que ya comenzó en el radicalismo y que no hará otra cosa que agudizar la decadencia partidaria: la pelea final entre Roberto Iglesias, jefe de la UCR nacional, que protagoniza la posición más dura con el gobierno, y quienes piensan que hoy no hay espacio para que el radicalismo se pare como máximo opositor a Kirchner, a riesgo de caer en una borocotización extrema de sus candidatos exitosos. Y por eso la decisión de convocar a un debate nacional en el radicalismo dentro de 60 días para decidir la posición que el partido tomará frente al gobierno.

En paralelo a esa línea, la semana próxima la mesa directiva de la Convención Nacional partidaria deberá tomar la decisión de nombrar a una comisión de «notables» radicales para decidir sobre la suerte de los diputados que cambiaron su voto en el Consejo de la Magistratura. Es decir, los santiagueños Daniel Brue y Cristian Oliva, el catamarqueño Genaro Collantes, el correntino Ricardo Colombi y el rionegrino Hugo Cuevas, la mayor sorpresa.

¿Qué va a decir esa comisión? Cuando esté sesionando, emitirá una recomendación para la convención partidaria de cada una de esas provincias recomendando la expulsión del radicalismo de esos diputados. Esas convenciones consultarán a cada jefe partidario provincial por qué los legisladores de la UCR tomaron la decisión la noche de la votación de la reforma al Consejo de la Magistratura. Y la respuesta que obtendrán será clara: porque se lo ordenó cada uno de los gobernadores. El resultado de ese proceso, tal como lo advirtieron las dudas que tuvo Fernando Chironi, jefe del bloque UCR de Diputados, cuando Iglesias decidió pedir la expulsión a la convención, puede ser una derrota para el jefe del Comité Nacional del radicalismo cuando claramente el veredicto sea que no se expulsará a los « traidores» de esa noche en el recinto.

  • Hecho único

  • El caso que más duele de todos es el de los santiagueños. El triunfo de Gerardo Zamora fue visto por la conducción de la UCR como un hecho único, cuando Néstor Kirchner aparecía, aunque a regañadientes, apoyando a José Figueroa. Pero esa victoria para el partido duró sólo horas, y hoy Zamora y sus diputados ni siquiera son considerados opositores a la hora de contar los porotos para votar leyes del gobierno.

    Por eso, el resultado del proceso de expulsión de los diputados, adelantan en el radicalismo, será el comienzo del debate formal que se dará luego en la convención. Así visto, parece inevitable el choque entre los duros antikirchneristas y quienes hablan de una relación concertada con el gobierno para sobrevivir.

    No existe hoy intendente radical que pueda mantener el asfalto de sus calles o el algodón en los hospitales sin cuidar su relación con el gobierno. Y en el estilo Kirchner no es una cuestión de teléfonos: tal como relatan en el Comité Nacional, el mismo día de una elección en el interior, la Casa Rosada llama y el electo debe concurrir para la foto.

    Para un partido que ni siquiera puede defender la elección del candidato que prefiere como rector de la Universidad de Buenos Aires, Atilio Alterini, será casi imposible revertir la decadencia y mantener a sus gobernadores e intendentes luchando contra los fondos nacionales.

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