Al radicalismo se le ofrecerá hoy una de esas panaceas de las que disfruta cada dos años: pasar todo un día, presumiblemente hasta la madrugada del que sigue, forcejeando para conseguir algún presente en su gran juguetería, el Comité Nacional. Aunque en este caso la puja tiene un contenido político atendible: el partido del gobierno pasará a estar comandado, en sus cargos principales, por hombres dispuestos a hacer oficialismo. O por lo menos a impedir que la estructura institucional de esa fuerza quede en manos de disidentes como Leopoldo Moreau o Federico Storani.
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La conducción de la UCR pasará seguramente hoy a manos del gobernador del Chaco, Angel Rozas. Se trata de un hombre con color propio, cuyas aspiraciones presidenciales son evidentes pero que inquietan menos al oficialismo que las que se pueden presumir en otros radicales como Rodolfo Terragno (aunque éste piense más en la jefatura de Gobierno porteña, enfrentando a Aníbal Ibarra). Rozas ofrece a Fernando de la Rúa garantías de moderación por varias razones: entre ellas, que es gobernador de provincia y, como todos, dependiente del gobierno central. Además, estará rodeado de hombres que le garantizan equilibrio al gobierno nacional.
La identidad de quienes secunden a Rozas se desconocía anoche. Sobre todo porque todavía no se habían zanjado dos conflictos. Uno, el que mantienen Juan Manuel Casella con Pablo Verani por la vicepresidencia primera. Otro, el que distancia al gobernador de Mendoza, Roberto Iglesias, de Walter Cevallos por la secretaría general del partido. En el primer lugar, muy probablemente, estará Casella, quien dejará por eso la embajada en Uruguay. Esa posición será un obsequio a los disidentes del partido (Moreau, Storani, Terragno, Jesús Rodríguez, etc.). Casi una ironía: el beneficiario tiene más afinidad con Horacio Jaunarena, ministro de Defensa, que con los revoltosos.
La secretaría general, en cambio, será casi seguramente para Iglesias. Cevallos, ligado a Jesús Rodríguez, quedará rezagado. Igual que será para Oscar Castillo la Comisión de Acción Política. Iglesias, Castillo, Verani y Jorge Lizurume (gobernador de Chubut) le garantizarán a De la Rúa que el Comité Nacional de la UCR será más solidario con el gobierno que lo que le ofrecería la liga de bonaerenses que coordina Raúl Alfonsín. Entre estos hombres del interior creció, secretamente, cierto resentimiento contra los de la provincia de Buenos Aires, a quienes acusan de ser complacientes con Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf, y demasiado estrictos con el propio partido en el gobierno. Los acusan, sobre todo, de cierta promiscuidad política basada en recursos legislativos y cargos para designar punteros y clientes. Estos reproches llegaron hasta cierto grado de humorismo, como el de Víctor Fayad, quien ayer se reía diciendo, cari-ñosamente, que «Moreau en vez de anotar a los hijos en el Regis-tro Civil los inscribe en el presupuesto nacional».
• Lógica
La nueva conformación de la conducción del radicalismo obedece a una lógica que, también en estos días, ganará al PJ: la de un partido orientado por una liga del interior cuya principal amalgama es la voluntad de aislar a los bonaerenses. Los dos factores clave de esta integración han sido Rafael Pascual y Enrique Nosiglia (quien ayer preparaba una comida en Costa Salguero para que Rozas pueda festejar esta noche su ascenso en el partido). Este juego político beneficia pasablemente a De la Rúa, quien por eso asistirá hoy a la sede central de su partido para escuchar el discurso que pronunciará allí Alfonsín, el jefe saliente. El ex presidente hablará rápido y se marchará con Raúl Alconada Sempé a Venezuela, para participar de una nueva sesión de la Internacional Socialista.
Hasta llegar a esa instancia, las dos tribus que pelearán por el timón del radicalismo se reunirán en distintos conciliábulos. Quienes favorecen a Rozas se encontrarán en el Hotel Bauen. Los que se nuclean en torno a Storani y Jesús Rodríguez lo harán en el estudio jurídico de «Fredi», en la calle Uruguay, un lugar modesto pero confortable.
Allí pasarán horas deliberando, ajenos al riesgo-país, el default, la devaluación y cualquier otra calamidad de las que amenazan al gobierno. Igual que lo hicieron ayer, en distintas tertulias. La más animada transcurrió en el Centro Asturiano de la calle Solís entre Venezuela y Belgrano. Allí almorzaron los delegados que rodean a Casella, quien si llega a vicepresidente será el único miembro de la conducción que pertenece a un partido derrotado en su distrito. Con el embajador en Montevideo comieron Jaunarena, J. Rodríguez, Cevallos, Juan Melgarejo (quien mandó una carta de adhesión a la lista contraria), Storani y César Martucci, su eterno escudero.
Entre los comentarios que circularon por las mesas hubo uno inquietante: Ramón Mestre está envuelto en llamas porque no lo ubiquen en una vicepresidencia del partido, como le había prometido Alfonsín. Decían inclusive que está dispuesto a renunciar al Ministerio del Interior, que deberá desalojar dentro de días a manos de Pascual. Probablemente lo designen en la cartera de Salud, aun cuando anoche desde la Casa Rosada se afirmaba que De la Rúa mantendrá allí a Héctor Lombardo. Claro que, si lo nominaran hoy para alguna vicepresidencia del partido, Mestre deberá renunciar al ministerio que le prometen: la carta orgánica de la UCR prohíbe desde hace tiempo la super-posición de representaciones partidarias y designaciones políticas.
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