3 de diciembre 2007 - 00:00

Ultimo fútbol en Olivos, actos y juras para el adiós de Kirchner

Néstor Kirchner
Néstor Kirchner
Fue, quizá, su último picado en Olivos como presidente. Néstor Kirchner repitió el ritual de cada viernes y convocó a ministros y colaboradores para, sin pretensiones, trotar un poco por el césped, ensayar pelotazos al aire y hacer fútbol locuaz.

Así, en relax, el patagónico inició sus últimos diez días como presidente antes de traspasarle el mando, y sus atributos, a Cristina de Kirchner, su esposa. Aquella ceremonia de despedida, informal, de entrecasa, seguirá con una secuencia de actos.

El más pretencioso, y que más connotaciones políticas tiene para «el día después», es el que esta tarde, en el Salón Sur de la Casa Rosada, pondrá a Kirchner frente de un malón de más de 200 intendentes. De todo el país llegarán peronistas, radicales, vecinalistas.

  • Despedida

  • No firmará ningún convenio ni entregará obras. El acto tendrá como único fin la despedida del mandatario y, ante eso, el agradecimiento de los jefes comunales. El encuentro lo organizó la Federación Argentina de Municipios (FAM) que preside Julio Pereyra.

    Es decir: sólo para participar de una especie de ceremonia de agradecimiento a Kirchner, viajarán caciques de varias provincias para estar un rato y sacarse una foto con el presidente que se va. Claro: esperan que la que llega pase a saludar.

    Hay que detenerse en ese dato: los barones del conurbano fueron aliados poderosos del Kirchner naciente.

    Pereyra, Hugo Curto y Alberto Descalzo, fueron los primeros en «sintonizar» con el sureño. Por entonces, tenían -en paralelo- otra terminal: Eduardo Duhalde.

    El nexo con los alcaldes -que operó a través de Julio De Vido y José López-será una de las variables que seguirá inamovible después del 10 de diciembre cuando la presidencia cambie de mano pero no de apellido. Kirchner seguirá siendo el interlocutor de los intendentes.

    Esa táctica le sirvió para diezmar a Duhalde, luego para impedir que Felipe Solá construya un polo de poder paralelo al de la Casa Rosada y en el futuro será la llave -en rigor, una de ellas-para mantener encorsetado al gobernador Daniel Scioli.

    No hay normalización del PJ nacional sin dominio férreo y expreso del PJ bonaerense y, sobre todo, sin un control directo del conurbano profundo que aporta, cada dos años, los votos para ganar elecciones. Kirchner conoce ese oficio; Cristina jamás lo ejerció.

  • Juras

    En su última semana, además de divertirse con ministros y despedirse de caciques que seguirán enlazados a su mando, Kirchner tendrá gestos puntuales y particulares con gobernadores «amigos». No está en agenda, por caso, que asista a la jura de Daniel Scioli.

    Sí, en cambio, tiene previsto viajar el sábado a Chubut para presenciar la asunción de Mario Das Neves y el domingo 9 se correrá hasta Río Gallegos para participar de la ceremonia de jura, esta vez como gobernador electo de Santa Cruz, de Daniel Peralta.

    En los dos casos, Kirchner viajará junto a su esposa. Se evaluaba la posibilidad de que el domingo, Cristina de Kirchner esté en la jura de Juan Manuel Urtubey en Salta quien protagonizó, junto a Jorge Capitanich, uno de los resultados sorpresa en las provincias.

    Parece improbable que eso ocurra. El domingo por la noche, Kirchner y su esposa, presidente en función y presidente electa, saludarán en el Palacio San Martín a las delegaciones extranjeras que desde el viernes 7 comenzarán a llegar a Buenos Aires para participar del traspaso del mando.
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