6 de diciembre 2001 - 00:00

Un peronismo ausente

Nadie puede substraerse a la imputación: el gobierno de Fernando de la Rúa, entero, completo, es el responsable de la crisis en la Argentina. Por razones políticas y económicas. Pero, demorarse en esa situación catastrófica no parece culpa exclusiva de la administración oficial. Las otras fuerzas políticas, sobre todo el justicialismo por su cobertura de poder en todo el país, deberían responder ante la emergencia. Y, hasta ahora, no lo han hecho. Más bien el PJ parece distraído, acechante, quizás inmovilizado por una representación atomizada en diversos líderes: José Manuel de la Sota, Carlos Menem, Carlos Reutemann, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf y una fuerza de múltiples cabezas que denomina bloque federal (Ramón Puerta, Juan Carlos Romero, Adolfo Rodríguez Saá, Rubén Marín).

Se han conocido medidas que regresan al país hacia formas que ni siquiera contempla ya el mundo en materia de restricciones a la libertad económica e individual. Aunque esas fórmulas pueden ampararse en la urgencia y en la emergencia, significan un enorme retroceso, casi semejante a la pérdida de riqueza que padeció el país en los dos últimos años (dilapidó en caída del PBI todo lo que había ganado en la década del '90). No hubo todavía un pronunciamiento del PJ, hasta sus líderes -aún perdiendo pantalla, aire y cobertura gráfica, sus bienes más preciados-se han ocultado en silencio tras el telón. Podrán invocar discreción ante la crisis, en rigor se advierte orfandad de iniciativas, hasta temor por no pisar terreno minado antes de tiempo.

• Lamentable

Pero la realidad, al margen de temores y aspiraciones, es que el justicialismo parece incapaz hoy de reunirse íntegramente, sin exclusiones, y coordinar una declaración común, al menos un pensamiento. Resulta lamentable ante el nivel de la inquietud general esta falta de solidaridad. Menem no se saluda con Duhalde, éste no acepta un café con él ni en secreto; Reutemann se aísla en Santa Fe, predica con su ejemplo de moderación y De la Sota repite lo mismo exhibiendo su modelo; Ruckauf, por su parte, mueve piezas a toda velocidad porque imagina un final traumático, al cual colabora -y gasta esfuerzos en esa carrera-debido a que su provincia es la más incontrolable del país (piensa, como todos, aunque en su caso con más apremio, en forma egoísta). Mientras, los del bloque federal avanzan en la interna pero ni se plantean una acción más abarcadora y trascendente.

Están todos afuera, son espectadores, alien-tan en esa omisión a otros sectores para que participen en forma menos mezquina, proponiendo alternativas de solución. No parece, ese desapego de la realidad, la misión del primer partido del país. La falta de expectativa hasta nubla la visión y aumenta el riesgo-país cuando se piensa en un desenlace no deseado.

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