Un soldado de las fuerzas de paz
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Se le encargó una tarea muy difícil: debía ir a Sarajevo, recibir las órdenes del Comandante de UNPROFOR, (acrónimo en inglés por Fuerza de Protección de Naciones Unidas) el general Nambiar de la India, dirigirse al que se denominó Sector Eslavonia Occidental o más simplemente, el Sector Oeste, pactar con serbios y croatas un plan de separación de fuerzas para detener la sangrienta lucha, e imponer la autoridad de Naciones Unidas. En esta ciclópea tarea fue secundado por un puñado de oficiales argentinos.
Su tarea fue un éxito total, porque supo encontrar una salida a esta carabina de Ambrosio, a este nudo gordiano en el que se involucraba a las Naciones Unidas en un esfuerzo por la paz internacional. A mediados de 1992, el general Zabala había conseguido lo que nadie había logrado: la firma de un acuerdo de Paz en el Sector Oeste entre serbios y croatas, que se denominó «El Acuerdo de Daruvar».
Esto fue extraordinariamente difícil, puesto que este Sector era el único de los cuatro en el que convivían ambas facciones en pugna. Pero el general Zabala tenía grandes dotes de negociador y conciliador, virtudes que le fueron inmediatamente reconocidas ya que apenas cumplió sus deberes como Comandante de Sector, Naciones Unidas lo requirió para ocupar el puesto de Oficial Militar Negociador en la ex Yugoslavia, misión que abarcaba no sólo el actual territorio de Croacia, sino que incluía también Bosnia. No accedí a tal requerimiento, porque consideré que el general Zabala debía cumplir otras tareas que dejasen tan bien plantado el prestigio argentino en otros lugares del mundo. Lo menos que merecía era que se lo condecorase con la Medalla de los Servicios Distinguidos, que le fue otorgada por su invalorable contribución a la paz mundial.
El general Zabala era graduado de la Universidad Nacional de Defensa de los Estados Unidos, en el Colegio Nacional de Guerra. Esta institución también reconoció la tarea ímproba del general, colocando su nombre en el Hall de la Fama donde figuran sólo un puñado de oficiales de todo el mundo.
Todos los argentinos deberíamos estarle agradecidos. El comportamiento del general Zabala en el cumplimiento de su deber es una clara muestra de cómo la firmeza y determinación, unido un exquisito sentido de moderación y diplomacia, pueden contribuir efectivamente al logro de la paz mundial. Era un caballero y un oficial pundonoroso, de costumbres austeras y sencillas.
Siento un deber el despedirlo para esta travesía final que ha emprendido el 14 de enero, y que lo lleva a cumplir su última guardia junto a Dios.




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