Unicato CGT se decidió en cena con ministro

Política

Hugo Moyano será, a partir de mañana, el único jefe de la CGT oficial. A pesar de un último intento de mediación que se llevará adelante hoy, el sector de los «gordos» (Cavalieri, Lescano, West, Pedraza, etc.) se apartará de la cúpula sindical en repudio a los métodos del camionero. Tal vez hasta impugnen la manera en que se lo designa, sin llamar al congreso reglamentario. Pero a Moyano le importa poco: el jueves pasado, en una opulenta comida que se sirvió en el sindicato de taxistas, pactó con el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, la convalidación de su unicato. Ahora, con los «gordos» afuera, se abre otra interna: la de kirchneristas y duhaldistas. Moyano deberá garantizarle al Presidente, que tanto hizo para que él llegue a la cúspide, que el enfrentamiento sindical no afectará la candidatura bonaerense de su esposa.

Hugo Moyano y los «gordos» están como Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde. Pareciera que no hay posibilidad alguna de restaurar la relación entre ellos, pero todavía se tas,hacen esfuerzos de última hora para evitar la ruptura o, por lo menos, para que quede claro que el culpable fue el otro. En el caso de los gremialistas, cualquier gestión conciliadora debe hacerse antes de mañana, cuando Moyano espera ser instituido como secretario general único de la central obrera, con José Luis Lingieri como segundo.

La mediación será llevada adelante por el sector «independiente»: Gerardo Martínez, Andrés Rodríguez, Luis Barrionuevo. Ellos hablarán con Armando Cavalieri y Oscar Lescano. Carlos West Ocampo, el tercer «gordo» de primera línea, no concurrirá al encuentro. No quiere ni escuchar la palabra Moyano. «Me odian porque no sé hablar, porque no luzco socialmente, porque soy negro. Pero ¿Daer sabía hablar? Y Curto, que también fue jefe de la CGT, ¿no es negro también?», dijo el camionero la última vez que le indicaron que aquellos gremialistas tradicionales no lo toleran como representante único de la organización.

• Razones distintas

En rigor, las razones de la discordia son distintas, aún admitiendo que en el sindicalismo ortodoxo pueda haber alguna discriminación como la que acusó Moyano en la última reunión de «mesa chica» (institución en la que los discriminados son otros, claro). Lescano está enardecido desde el día en que Moyano se repartió, en complicidad con otros colegas y con el ministro Julio De Vido, los contratos laborales de ENARSA, incorporando a taxistas, colectiveros y garagistas pero dejando de lado a Luz y Fuerza. La discordia con Cavalieri es otra: se refiere a la pelea de jurisdicción por los empleados de logística de Carrefour y de Coto. West, por su lado, fue humillado sistemáticamente en la persona de Susana Rueda, la representante de su gremio, designada en un momento de candor de este sindicalista (de los pocos que tuvo en su vida): fue cuando le dijeron que todos resignarían su protagonismo para facilitar la renovación en la cúpula. El se reemplazó a sí mismo por Rueda pero los otros siguieron en sus cargos. «Alpiste» dijo un gremialista con alma de niño.

Los «gordos» imaginaron impugnar la forma en que se hará elegir Moyano mañana. Pedir un congreso, obligar a reunir el número de congresales, en todo caso llevar todo a la Justicia. Pero el camionero les ganó de mano. El jueves pasado invitó a comer a Carlos Tomada y la plana mayor del Ministerio de Trabajo a la sede de los taxistas porteños. La excusa fue homenajear al titular de UOCRA, Martínez, y a los demás integrantes de la delegación a la OIT por haber evitado una censura contra la Argentina que beneficiaría a Víctor De Gennaro y la CTA. Tomada, por razones de ecuanimidad, no podía festejar esa decisión. Para él la comida tenía el sentido de un agradecimiento porque los gremialistas lo ayudaron a capturar la presidencia del consejo administrativo de esa organización internacional.

No tienen derecho los «gordos» a quejarse como se quejan, tan luego ellos, que llevaron siempre una vida lujuriosa. Ahora reprochan, excluidos, que el cubierto costó $ 120, que el champagne era francés, que el servicio lo proveyó la costosa Schuster, que había tarjetas con impresión dorada identificando a cada comensal en su asiento..., etc.

A Moyano le pareció todo normal. A Lingieri, también presente, le hizo recordar las épocas de opulencia que vivió junto a Carlos Menem, cuando formaba parte de su corte íntima y cotizaba para la segunda reelección. El camionero mató dos pájaros de un tiro. Por un lado, se reconcilió con Tomada, a quien quiso voltear una y otra vez para convertir en ministro al laboralista Héctor Recalde. Por otro, pronunció un discurso contra los «gordos» del que tomó nota Tomada, por si los reclamos por el nuevo consejo y la designación del secretario general sin convocar a un congreso son llevados al despacho del ministro.

En cuanto al intento por conciliar posiciones con Cavalieri y los suyos que se llevará adelante hoy, lo más probable es que no surja ninguna novedad. Moyano deberá presidir un consejo directivo más pequeño, en el que tal vez aparezcan nuevas discordias. De hecho, ya tiene nuevos problemas con algunos fieles. Es que su rol de garante de los pactos con el gobierno sólo le aporta disgustos. Sin ir más lejos: a Omar Viviani y a «Centauro» Rodríguez les había prometido que «todo está arreglado». Pero ninguno de los dos consiguió demasiado en las listas que armó Alberto Fernández en la Capital. El lugar previsto para «los muchachos» se lo llevó Claudio Morgado, quien dedicó espacios enteros a burlarse de Moyano en su programa «Televisión Registrada». Para el taxista y el empleado público fue humillante: pusieron todo para armar el acto de lanzamiento de Cristina Kirchner en Obras Sanitarias y no les dieron ni un lugar en la lista de consejeros escolares.

Sin embargo, la pelea mayor, todavía larvada, tendrá lugar con motivo de la ruptura entre el Presidente y Eduardo Duhalde. El primero en tomar partido fue Gerardo Martínez, quien se pronunció abiertamente por la senadora por Santa Cruz. Sus hombres trabajan ya para ella en Avellaneda y el sur del conurbano.

• Acuerdo

En cambio, los gremialistas que se agrupan con Jerónimo «Momo» Benegas en las 62 Organizaciones cerraron un acuerdo con Duhalde para incorporar sindicalistas en las listas del PJ oficial.

Ahora hay puja por los nombres que deben ingresar en la nómina: ¿Angel García, de Seguridad? ¿Enrique Salinas, de la UOM? Por suerte Duhalde no tiene actores entre sus seguidores. Para eso está él. Con el resto de la lista puede cumplir con los sindicalistas, aunque ni siquiera le prometan un acto para su esposa en la campaña.

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