¿Variqué? El gobierno hace evaluación de daños
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Claudio Uberti
Así y todo, en simultáneo a enfocar sobre Varizat las culpas del incidente, el gobierno no liberará de responsabilidad a los sectores que, según la definición de la Casa Rosada, intentan «caotizar» Río Gallegos y actuaron para arruinar el regreso de los Kirchner.
«Vamos a reventar el acto de Cristina», dicen en el gobierno que fue la premisa de los docentes y estatales que se movilizaron el viernes, pero que al cruzarse con el ex ministro Varizat terminaron enredados en un episodio que Alberto Fernández calificó de «hecho desgraciado».
En ámbitos que conocen el pulso santacruceño, explicaban que la reacción de Varizat fue producto del clima de tensión que se vive en la capital provincial, donde el enfrentamiento entre el oficialismo y la oposición se palpita en la calle y se volvió personal.
«Rajá, Daniel, que vienen los de ATE y los de ADOSAC; dicen que van a reventar el acto de Cristina», cuentan en el gobierno que le avisaron a Varizat que estaba en una confitería céntrica tomando un café con dos personas más. Unos minutos después, se produjo el incidente.
Pero el expediente Varizat aparece cruzado, además, por una pulseada en el seno del kirchnerismo: una de las condiciones que puso Daniel Peralta para asumir en lugar de Carlos Sancho fue que Varizat deje su cargo y se retire con el vice en funciones.
Fue una derrota del ex ministro que mantenía un duelo de posiciones con Juan Bontempo y que, en el pico de conflicto con los docentes, llegó a denunciar -a lo Aníbal Fernández- que los manifestantes se habían «autoherido» para inculpar al gobierno provincial.
Además, Varizat se trensó en un forcejeo personal con el obispo Juan Carlos Romanín, pieza clave en el esquema de Peralta para recuperar una cuota razonable de orden. De hecho, el diputado/gobernador calificó el episodio Varizat de «una barbaridad, un acto irracional».
Romanín volverá hoy a la calle para participar de la marcha convocada para pedir «justicia» por los atropellados.
No hay respiro ni fortuna que logre que en los rostros kirchneristas una sonrisa dure más de un segundo. Por caso, ni siquiera la Casa Rosada pudo festejar el derrumbe, acaso terminal de Carlos Menem, al quedar tercero en las elecciones riojanas.
Las victorias ajenas que Kirchner « compra» en otras tierras no las logra amortizar en su propio territorio.




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