El socialismo ya tiene virtualmente en carrera un candidato presidencial propio, el intendente de Rosario, Hermes Binner. Tras la ruptura con Elisa Carrió y el ARI anunciada ayer, el reunificado Partido Socialista proclamará el 11 de enero, en Mar del Plata, su fórmula para competir en las elecciones del 27 de abril. En esa ocasión, deliberará el congreso extraordinario de la agrupación con la asistencia de más de 520 miembros.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Los socialistas, con identidad propia, seguirán coincidiendo en las votaciones en Diputados con Carrió y compañía. Pero le impedirán a Lilita reclamar el tercer lugar en la escala de fuerzas parlamentarias, detrás del peronismo y la UCR, ya que dejará de contar como propios a los 7 legisladores socialistas. Le responderán sólo 22 diputados.
En el terreno electoral, la escisión redundará en una merma de votantes en Capital Federal y, por supuesto, Santa Fe, distritos tradicionales del PS. Resultará difícil, entonces, que las invitaciones que recibieron Lilita, Alfredo Bravo, sus amigos y otros exponentes del centroizquierda terminen en una foto, durante la milagrosa celebración de los 30 años del PI, este sábado, en la sede del gremio del personal aeronáutico, que regentean los socialistas hermanos Basteiro, Fabio y Ariel. No parece la ocasión más propicia para sociales, aunque estén de por medio la memoria de Oscar Alende y los buenos oficios de Gustavo Cardesa, actual jefe de los casi exánimes intransigentes.
•Experiencia
Si bien Binner se mostró inclinado a conservar su feudo rosarino y, eventualmente, ir por una segunda reelección en el cargo cada vez que se lo proyectó a nivel nacional, es el único socialista con sólida experiencia en materia de administración. Y nada menos que en el Poder Ejecutivo de la segunda ciudad del país.
Lo que puede hacer ahora la diferencia es que el jefe comunal encabezará dupla partidaria. Hasta el momento, Binner figuró en los planes de alianzas que incluían casi como periféricos a los socialistas, pero que tenían liderazgos ajenos, fuera el de Carlos Chacho Alvarez en el Frepaso o el de Carrió en el ARI. El conservadurismo del intendente en materia de nominaciones pudo haberle jugado a favor, ya que quedó a salvo de la debacle de la alianza con la UCR.
Por si continúa la resistencia a largarse a la liga mayor, no se descarta a Alfredo Bravo, aunque el veterano legislador parece más cerca de renovar la banca de Diputados por la Ciudad de Buenos Aires, que vence en diciembre de 2003, que de hacer una extenuante tarea de recolección de votos por 24 provincias.
A continuación de la coronación en Mar del Plata, viajará una delegación a Roma para presentar ante el consejo de la Internacional Socialista al aspirante a la primera magistratura. Puede que se lleve una sorpresa desagradable: que los radicales, que también lograron -vía Raúl Alfonsín-ser socios de la IS, aparezcan con la promoción de su candidato presidencial. Carrió, que llegó ayer a la madrugada de viaje, se desayunó con la novedad de la ruptura, aunque la noticia era previsible. Desde que ella rechazó un proyecto del santafesino Rubén Giustiniani para despenalizar ciertos casos de aborto -con la inmediata réplica socialista de pegar el faltazo en el lanzamiento de Lilita en el porteño teatro Coliseo-, la disolución parecía cercana.
Dejá tu comentario