Votan ley que elimina el debate del Presupuesto en el Congreso
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El kirchnerismo deberá reunir hoy los 129 diputados necesarios
para iniciar la sesión de votación de los «superpoderes
». No tendrán más ayuda que la del Peronismo Federal,
tres juecistas y los radicales Genaro Collantes y Ricardo
Colombi.
Todo eso se concretará desde hoy si el oficialismo consigue quórum, y si no será desde la semana próxima, para aprobar esta reforma a la Ley de Administración Financiera que Cristina de Kirchner minimizó al decir que se trataba sólo de un cambio en un artículo de una ley que tiene 137. Pareció una broma en el recinto del Senado.
No fue menor la explicación que dio el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, cuando también en el Senado dictaminó que este cambio es sólo adecuar la Ley de Administración Financiera -votada en 1992- a la Constitución de 1994, dándole mayores facultades para administrar a su cargo creado en ese año. Casi como una reglamentación de poderes que estaban pendientes, fue la otra subestimación de esta reforma que hizo el funcionario. Como corresponde al sistema de obediencia debida, ayer José María Díaz Bancalari (que sigue pensando que algún día podrá salir de ese purgatorio posduhaldista al que lo condenó por ahora Kirchner) adhirió a esas explicaciones y sin ninguna vergüenza calificó a la reforma del artículo 37 como «una reglamentación que mejora la situación actual», como si estuviera pendiente reglamentar algo en cuanto a las potestades del Congreso a la hora de fijar el nivel de gasto y el destino que éste debe tener.
De todas formas, y a pesar del esfuerzo que seguía haciendo anoche el kirchnerismo para garantizarse hoy el quórum (ver página 10), hay otro aspecto que desmerece la votación de hoy en Diputados. Con la actual relación de fuerzas en el Senado y Diputados, el sistema argentino se ha convertido virtualmente en unicameral. No importaría para nada que hoy el oficialismo perdiera la votación de esta ley -es sólo un ejemplo, ya que eso no sucederá porque el gobierno tiene también mayoría más que suficiente-, ya que el proyecto volvería al Senado y allí el kirchnerismo cuenta con una abrumadora mayoría para insistir con la sanción anterior utilizando los dos tercios de los votos o más aun para conseguirlo.
Esta situación no cambiará, de acuerdo con la actual representación del peronismo en el Senado, por muchos años, inclusive hasta después de la salida de los Kirchner del gobierno. Por lo tanto, bastará siempre con elegir la Cámara alta como iniciadora para garantizarse la aprobación, si el tema amerita algún riesgo de turbulencia en Diputados, donde la mayoría absoluta del kirchnerismo sólo puede verse perturbada con algún problema para conseguir quórum. Así, la actividad en el Parlamento no es que se haya visto solamente degradada, sino que esencialmente se ha vuelto aburrida.



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