4 de diciembre 2000 - 00:00

Vuelve Carlos Alvarez y De la Rúa no sabe si es una molestia

Carlos Chacho Alvarez se confesó ayer ante un par de movileros en el bar Varela-Varelita. Les contó lo que le dirá al Presidente cuando lo vea, el viernes que viene. Dijo que hablará de la crisis y de cómo superarla con un conjunto de medidas. Fernando de la Rúa, por lo que se sabe, lo escuchará con consideración. Ni una palabra de ese extraño cuadro por el cual el ex vicepresidente ha vuelto a la vida pública hablando de cuestiones y dramas que estaban vigentes cuando se alejó del cargo pero que, sin su ayuda, fueron superán-dose con las semanas. Como si la realidad se hubiera suspendido sólo porque él dejó de protagonizarla o de prestarle atención. Un inconveniente que suelen padecer los egocéntricos.

Carlos Chacho Alvarez salió ayer de la clandestinidad, estado en el que casi se comporta como un revolucionario y, casualmente, se encontró con un movilero en el Varela-Varelita. Le confesó: «Entre el jueves y el viernes me reúno con Fernando (De la Rúa, claro) y le voy a llevar un paquete de propuestas políticas, económicas y sociales (seguramente elaboradas en este período de sigilo y pensamiento al que se condenó)». Entre las ideas que piensa arrastrar del café a la Presidencia se encuentra su rechazo a la reforma previsional (a la eliminación del sistema de reparto, nada más), la creación de una policía del gasto social centralizada que transparente los subsidios -como si hoy no cumpliera con eficacia esa tarea su compañera Graciela Fernández Meijide- y la obviedad de limitar el gasto político (cuestión que ya se encuentra comprometida en el Pacto Federal, documento que el ex vice seguramente soslayó por atender a periodistas).

Como no está en el gobierno, Alvarez habla de sus aportes para salir de la crisis, cuando en la administración ya nadie habla de crisis. Por el contrario, se espera un enero difícil pero con interesantes expectativas: está comprometido el blindaje financiero por más de 25 mil millones de dólares, ya se aprobó el presupuesto, también el pacto con los gobernadores, se puso en marcha la desregulación de las obras sociales, se bajaron los impuestos en 2.000 millones de dólares para dentro de dos años y hasta se instaló una impensada reforma jubilatoria.


Entonces, De la Rúa le advertirá que de crisis no hable, que todo ha mejorado desde que él se fue del gobierno -y no porque Chacho se haya ido-y que sus propuestas son bienvenidas. Evitará decirle que es capaz de crear una comisión para estudiar esas ideas.


Lectura

Al mejor estilo del general Viola, parece que Alvarez también sugerirá reflotar un ministerio de la producción, en su íntima convicción de que allí podría recalar el acosado José Luis Machinea. El propio Machinea, al igual que De la Rúa, le tiene que avisar que ya no se siente presionado para renunciar, que el vendaval ya pasó y que, por el contrario, está más feliz que nunca en el Ministerio de Economía (si hasta Domingo Cavallo empezó a halagarlo). Además, también puede acercarle alguna lectura explicativa en torno de la reactivación económica, la que natural-mente no se produce porque uno invente otro ministerio. Inclusive, hasta es capaz de vaticinarle que la nueva inyección de dinero al mercado será suficiente para mover el sistema productivo.

Regreso

Con buen humor y positiva paciencia, tanto De la Rúa como Machinea aguardan el regreso del niño pródigo que un día se fue sin que lo despidieran. Esperan que sea una contribución para que haya «más Alianza» -como gustan todos decir-, aunque también sospechan que el ostracismo bien podría haber contaminado a Alvarez y eventualmente su presencia podría ser una molestia.

Lamentarán mucho que así fuera pues, si bien se acostumbraron a vivir sin él, las futuras expectativas electorales son convenientes para las dos partes y por lo tanto no les parece mal contarlo como propio. Pero su pertenencia a la Alianza, en rigor, es lo que aún nubla al ex vice, hombre que como ayer deshoja la margarita sobre lo que debe hacer. Aunque parezca mentira, a veces duda mucho más que el Presidente.


Fundamentalmente, el ex vicepresidente se opone a la eliminación del sistema de reparto incluida en la iniciativa que debería ser tratada en el período de sesiones extraordinarias del Congreso que comenzó el viernes pasado y se extenderá hasta el 22 de este mes. En esta postura, coincide con la propia rama parlamentaria del radicalismo que, a contrapelo de la ortodoxia oficialista, no acepta la privatización total de las jubilaciones. Tanto
Eduardo Santín en Diputados como Leopoldo Moreau en Senado levantaron la bandera que también envuelve al fundador del Frepaso en defensa de la clase pasiva.

Tras el ostracismo que se impuso a poco de renunciar, eligió la oportunidad para romper el silencio frente a un movilero radial que lo interceptó en la esquina de Scala-brini Ortiz y Paraguay, a metros del domicilio particular de Chacho. A 48 horas de haber lanzado en secreto una ONG -el Movimiento de Participación Ciudadana- y con ganas de hablar, no eludió al cronista en el trayecto diario de casa a la Casa del Frente, con escala escenográfica en Varela-Varelita para simular la lectura de diarios.


Antes del café y las media-lunas, se excusó de dar mayores detalles del plan que llevará hasta el despacho presidencial.
Según trascendió, Alvarez evalúa una propuesta para crear un ministerio de la producción, la concentración del gasto social en una sola área y medidas para limitar el gasto político y transparentar la actividad partidaria.

En deuda

Las últimas declaraciones públicas del ex vicepresidente fueron el 25 de octubre pasado cuando, luego de participar en un seminario sobre la reforma política, admitió que «la Alianza está en deuda con la sociedad». (Fue más delicado que su clon, Darío Alessandro, quien sostuvo que «a este gobierno no se le cae una idea».) En el lapso que medió entre ese día y esta semana, Alvarez eligió las reuniones cerradas con sus principales colaboradores (los diputados Alessandro, José Vittar y Juan Pablo Cafiero, entre otros), a excepción del sábado último cuando, casi en secreto, se reunió con jóvenes sin militancia partidaria que quieren participar de la nueva política.

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