Wayne, el censor
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Earl Wayne no se detuvo en las primeras líneas. Por su despacho pasaron también el titular de la AFIP, Alberto Abad («conversación muy cordial e informativa sobre el mutuo interés de proteger la propiedad intelectual y las marcas registradas»), el de la Oficina Anticorrupción, Abel Fleitas Ortiz de Rozas («la corrupción preocupa por igual a la Argentina y a los Estados Unidos») y el secretario de Turismo, Enrique Meyer, entre otros.
Luego de su reunión con este último, Wayne dijo: «Me complace mucho que los turistas estadounidenses estén jugando un rol tan importante en la presente expansión» del sector en la Argentina. Gracioso comentario considerando que poco antes su gobierno había advertido a sus compatriotas acerca del peligro que corrían en nuestro país por los secuestros, robos, protestas callejeras, accidentes de tránsito y hasta por los supuestos vínculos entre la Triple Frontera y grupos terroristas.
Igualmente desinhibido se mostró el embajador en materia de derechos humanos. En momentos en que crecía la polémica al conocerse que su gobierno había dado luz verde a prácticas no del todo santas en materia de interrogatorios a sospechosos, Wayne invitó a su despacho a los organismos de derechos humanos del país, para «dialogar sobre la situación de los mismos en la Argentina y el mundo». También desinhibidos, los más oficialistas asistieron: CELS, Abuelas y Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora). Más adelante, recibió a un secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, ya despojado de prejuicios setentistas.
Republicano al fin, el embajador estadounidense también se dedicó a los otros poderes. Mantuvo reuniones con miembros de la Corte Suprema y no faltó el desfile de legisladores para «informarlo» de su labor en las comisiones del Congreso.
Como buen representante de un país federal, a Earl Wayne la Capital le quedó chica. Además de recibir a varios gobernadores en su despacho, también se desplazó hasta Córdoba, Rosario e incluso a Jujuy para llevar el apoyo de Estados Unidos «a las comunidades y tradiciones indígenas».
Por último, el embajador también ha estado presente en la vida política argentina a través de artículos de prensa sobre temas varios: medioambiente, patentes otra vez e incluso, casi como vocero del gobierno, anunciando en una columna de opinión que «un objetivo clave a alcanzar para el año 2011 es que no haya más contagio de SIDA por transmisión de madre a hijo en la Argentina».
Pero la revista que Earl Anthony Wayne les pasa periódicamente a los miembros del gabinete kirchnerista desde que llegó a la Argentina se vio temporalmente interrumpida por el escándalo de la valija.
El 17 de diciembre pasado, el embajador fue convocado por Jorge Taiana a la Cancillería donde se le transmitió «el desagrado y malestar» del gobierno por las declaraciones del fiscal de Miami y se le comunicó que debía suspender sus encuentros con miembros del gabinete.
Luego de unas semanas de frío, las relaciones se descongelaron y Wayne pudo retomar su intensa actividad. Es más, el signo de la distensión fue precisamente una reunión con la propia Presidente de la Nación el pasado 31 de enero, previo encuentro con el jefe de gabinete, Alberto Fernández, el 29. El marco que permitió esta conciliación habría sido, según la versión oficial, la garantía dada por fuentes gubernamentales de Estados Unidos de que, en el juicio que se avecina en Miami contra los ex amigos de Antonini Wilson, el tema del financiamiento de la campaña de Cristina no sería evocado.
Pero nada de eso está garantizado y la versión obedece más bien a la necesidad de sostener un «relato» oficial de cómo son las relaciones bilaterales, destinado fundamentalmente a la tropa propia. Más aun, entre los miembros de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos que Cristina recibió ayer (jueves), está el demócrata Eliot Engel, presidente del subcomité para las Américas quien, frente al estallido del escándalo de la valija, dio crédito a la peor de las versiones para el gobierno, al decir que no le sorprendía que el presidente de Venezuela Hugo Chávez hubiese intentado influir en la Argentina con fondos para la campaña electoral.
Aparentemente ajeno a estos pormenores, ni bien se levantó la veda, Wayne volvió a lo suyo: el 6 de febrero recibió al gobernador de Mendoza, Celso Jaque, y el 7, al de San Juan, José Luis Gioja. El 11 de febrero hizo lo propio con la jueza de la Corte Suprema, Carmen Argibay, y el 12 se reunió nuevamente con Aníbal Fernández, ahora ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. El 13 de febrero se entrevistó con el ministro de Economía, Martín Lousteau (tema: deuda con el Club de París). Y el 20 le llegó otra vez el turno a la ministra de Defensa, Nilda Garré, casi una favorita del «Virrey», como altri tempi hubieran llamado a Wayne los setentistas.




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