22 de febrero 2008 - 00:00

Wayne, el censor

El enojoso episodio de la valija con 800.000 dólares que un empresario amigo del poder venezolano intentó introducir en nuestro país vía Aeroparque Metropolitano, en avión alquilado por funcionarios argentinos, fue leído por el oficialismo en clave antiimperialista. El problema no era la valija en sí, sino la afirmación de un fiscal estadounidense de que ese dinero negro iba destinado a la campaña de Cristina Fernández. Recientemente, tras afirmar que «Antonini Wilson es un agente de la CIA», el diputado Juan Carlos Dante Gullo preguntó: «¿Qué queremos, volver a que la embajada, los tribunales y el gobierno de Norteamérica nos bajen línea?».

Mientras el oficialismo fustiga a Estados Unidos, el embajador de ese país en la Argentina despliega una actividad que antes que diplomática parece más bien un control de gestión. El discurso transita por un carril diferente al de la realidad. Por ejemplo, el 27 de setiembre del año pasado, en el mismo momento en que Néstor Kirchner decía en Nueva York que su gobierno no se había sentido «acompañado por Estados Unidos», en Buenos Aires, el embajador Earl Anthony Wayne mantenía reuniones, por separado, con el vicepresidente Daniel Scioli, el ministro del Interior Aníbal Fernández y el de Justicia, Alberto Iribarne.

Wayne llegó al país a principios de noviembre de 2006. En su carpeta traía, además del eterno tema de las patentes y los derechos de propiedad intelectual, las inversiones y el comercio bilateral, el tráfico de drogas en la región, el lavado de dinero, Irán y la causa AMIA y la promoción de la tecnología norteamericana para la televisión digital de alta definición.

Aun antes de presentar sus cartas credenciales ya había puesto manos a la obra. El 15 de noviembre de aquel año tuvo una primera reunión con el ministro de Planificación, Julio De Vido. Tema: las ventajas de la norma norteamericana para la televisión digital, el negocio que se viene. El mismo día, visitó a Felisa Miceli, todavía ministra de Economía. Al día siguiente, 16 de noviembre, a la ministra de Defensa, Nilda Garré. Horas después le llegaba el turno al entonces ministro del Interior, Aníbal Fernández. El 17 de noviembre, Wayne reiteraba el apoyo de EE.UU. al proceso judicial por la causa AMIA, en una reunión con el canciller Jorge Taiana. En tres días, se había contactado con casi todo el gabinete, al menos con los ministros de las áreas de su interés. Desde entonces, no paró.

  • Reuniones

  • En el transcurso de 2007, Wayne se entrevistó al menos media docena de veces con cada uno de los ministros de las áreas más vinculadas a los intereses de su país: Exteriores, Defensa, Planificación, Economía e Interior. Las palmas se las lleva Aníbal Fernández, hoy ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. Con toda lógica, en comunicado oficial posterior a una de esas reuniones, un agradecido Wayne escribía: «Hoy mantuve una reunión con el ministro del Interior, como parte de una serie de encuentros que venimos manteniendo de forma regular con el fin de repasar los puntos principales de la amplia agenda de cooperación bilateral que compartimos. Agradecí al ministro por el nivel fluido de diálogo (desde) mi llegada al país en noviembre». En otra ocasión, el embajador le remitió a Fernández un documento del Departamento de Estado reconociendo que «la Argentina ha dado pasos concretos para combatir el narcotráfico y el consumo de drogas». Sorprendente diagnóstico, considerando que el propio ministro reconoció que la política del área ha sido «un completo fracaso».

  • Turismo

    Earl Wayne no se detuvo en las primeras líneas. Por su despacho pasaron también el titular de la AFIP, Alberto Abad («conversación muy cordial e informativa sobre el mutuo interés de proteger la propiedad intelectual y las marcas registradas»), el de la Oficina Anticorrupción, Abel Fleitas Ortiz de Rozas («la corrupción preocupa por igual a la Argentina y a los Estados Unidos») y el secretario de Turismo, Enrique Meyer, entre otros.

    Luego de su reunión con este último, Wayne dijo: «Me complace mucho que los turistas estadounidenses estén jugando un rol tan importante en la presente expansión» del sector en la Argentina. Gracioso comentario considerando que poco antes su gobierno había advertido a sus compatriotas acerca del peligro que corrían en nuestro país por los secuestros, robos, protestas callejeras, accidentes de tránsito y hasta por los supuestos vínculos entre la Triple Frontera y grupos terroristas.

    Igualmente desinhibido se mostró el embajador en materia de derechos humanos. En momentos en que crecía la polémica al conocerse que su gobierno había dado luz verde a prácticas no del todo santas en materia de interrogatorios a sospechosos, Wayne invitó a su despacho a los organismos de derechos humanos del país, para «dialogar sobre la situación de los mismos en la Argentina y el mundo». También desinhibidos, los más oficialistas asistieron: CELS, Abuelas y Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora). Más adelante, recibió a un secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, ya despojado de prejuicios setentistas.

    Republicano al fin, el embajador estadounidense también se dedicó a los otros poderes. Mantuvo reuniones con miembros de la Corte Suprema y no faltó el desfile de legisladores para «informarlo» de su labor en las comisiones del Congreso.

    Como buen representante de un país federal, a Earl Wayne la Capital le quedó chica. Además de recibir a varios gobernadores en su despacho, también se desplazó hasta Córdoba, Rosario e incluso a Jujuy para llevar el apoyo de Estados Unidos «a las comunidades y tradiciones indígenas».

    Por último, el embajador también ha estado presente en la vida política argentina a través de artículos de prensa sobre temas varios: medioambiente, patentes otra vez e incluso, casi como vocero del gobierno, anunciando en una columna de opinión que «un objetivo clave a alcanzar para el año 2011 es que no haya más contagio de SIDA por transmisión de madre a hijo en la Argentina».

    Pero la revista que Earl Anthony Wayne les pasa periódicamente a los miembros del gabinete kirchnerista desde que llegó a la Argentina se vio temporalmente interrumpida por el escándalo de la valija.

  • Malestar

    El 17 de diciembre pasado, el embajador fue convocado por Jorge Taiana a la Cancillería donde se le transmitió «el desagrado y malestar» del gobierno por las declaraciones del fiscal de Miami y se le comunicó que debía suspender sus encuentros con miembros del gabinete.

    Luego de unas semanas de frío, las relaciones se descongelaron y Wayne pudo retomar su intensa actividad. Es más, el signo de la distensión fue precisamente una reunión con la propia Presidente de la Nación el pasado 31 de enero, previo encuentro con el jefe de gabinete, Alberto Fernández, el 29. El marco que permitió esta conciliación habría sido, según la versión oficial, la garantía dada por fuentes gubernamentales de Estados Unidos de que, en el juicio que se avecina en Miami contra los ex amigos de Antonini Wilson, el tema del financiamiento de la campaña de Cristina no sería evocado.

  • Relato oficial

    Pero nada de eso está garantizado y la versión obedece más bien a la necesidad de sostener un «relato» oficial de cómo son las relaciones bilaterales, destinado fundamentalmente a la tropa propia. Más aun, entre los miembros de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos que Cristina recibió ayer (jueves), está el demócrata Eliot Engel, presidente del subcomité para las Américas quien, frente al estallido del escándalo de la valija, dio crédito a la peor de las versiones para el gobierno, al decir que no le sorprendía que el presidente de Venezuela Hugo Chávez hubiese intentado influir en la Argentina con fondos para la campaña electoral.

    Aparentemente ajeno a estos pormenores, ni bien se levantó la veda, Wayne volvió a lo suyo: el 6 de febrero recibió al gobernador de Mendoza, Celso Jaque, y el 7, al de San Juan, José Luis Gioja. El 11 de febrero hizo lo propio con la jueza de la Corte Suprema, Carmen Argibay, y el 12 se reunió nuevamente con Aníbal Fernández, ahora ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. El 13 de febrero se entrevistó con el ministro de Economía, Martín Lousteau (tema: deuda con el Club de París). Y el 20 le llegó otra vez el turno a la ministra de Defensa, Nilda Garré, casi una favorita del «Virrey», como altri tempi hubieran llamado a Wayne los setentistas.
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar