En su nuevo local de la calle León Pagano, la galería MCMC presenta “Había una vez…”, una breve muestra antológica de Edgardo Giménez (1942) que, a grandes rasgos, permite conocer una figura esencial del Pop argentino. A través de obras que van desde la década del 60 hasta hoy, con el acento puesto en el presente, la muestra recorre la historia de uno de los pocos artistas de su tiempo que, sin renunciar al pasado, continúa produciendo. Sus nuevas obras son cada día más bellas y ostentan, como las de ayer, los mismos niveles de creatividad y calidad. Además de sus cualidades estéticas y un perpetuo amor por la belleza, Giménez se destaca por la diversidad de géneros que domina.
Redescubrir a Edgardo Giménez, ícono del pop
La galería MCMC inauguró la muestra antológica “Había una vez...”, con obras del artista que van desde la década del 60 hasta las más recientes.
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A la pintura y la escultura se suman la arquitectura, los muebles y objetos, los afiches y la escenografía y una personalidad expansiva, siempre con la palabra oportuna para explicar el sentido del arte. Al ingresar a la galería, sobre un pedestal, se divisa la escultura “Es el amor, es el amor lo que hace girar al mundo”, un conejo blanco dentro de una taza también blanca junto a un naipe, el As de Pique. El espectador descubre entonces que “Había una vez…” es una referencia al libro de Lewis Carroll, “Alicia en el País de las Maravillas”, tema de esta obra de 2022 destinada a exaltar el encantamiento visual que provoca el arte.
Por otra parte, una inmensa maqueta de un rascacielos color rosa, domina el espacio de una pequeña sala pintada con un tono rosado más intenso. Giménez es el curador de la exhibición y el autor de este despliegue monocromático destinado a demostrar sin retaceos el virtuosismo de un genuino conocedor. De este modo, la muestra funciona como un estímulo cuyo valor consiste en involucrar al espectador e insertarlo en medio de la belleza y la poesía de una envolvente configuración artística.
La historia del arte no resulta ajena. Allí se encuentra una magia comparable a la de Monet, se perciben las sensaciones ópticas que la luz y el color provocan en la mente. Y el recuerdo es inevitable. Hace justo un año, por las redes circulaban, imparables, las fotografías de la maravillosa Casa Neptuna que Giménez construyó en las playas uruguayas de José Ignacio para la Fundación Ama Amoedo dedicada al arte latinoamericano. Una sinfonía decididamente Pop, con predominio del verde sobre un piso amarillo radiante con dos confites sobre el techo, uno rosa y el otro celeste. La arquitectura recuerda la casa azul que el artista construyó en los años 70 para Jorge Romero Brest y su propio paraíso de inspiración grecorromana.
Construcción
Desde luego, las pinturas de la muestra rinden cuenta del talento especial de Giménez, sobre todo, en “Construcción sobre blanco” de 1994, donde la levedad de las líneas de un laberinto exalta el uso de recursos mínimos y de unos colores tan suaves que tienden a fundirse con las paredes blancas. En abierto contraste, la “Sinfonía venusina”, un díptico de 1993, sobresale por la fuerza del color, la forma y hasta los volúmenes aplicados sobre la superficie del cuadro.
Por su parte, los muebles permiten evocar los diseños que tanto admiraban sus pares artistas, como Federico Klemm, entre otros. El gran “Mueble de mandriles y nubes”, se remonta a 1964, mide casi dos metros y medio de altura por 1, 10 de ancho y ostenta un arco iris en la parte superior. Los animales son un tema recurrente y allí, en la galería, exponen los gatos y monos y un perro caniche. Con un notable cambio en la paleta de tonos claros, aparecen los grises y el negro, ellos traen de vuelta algunos muebles y la llamativa serie de “Gatos Secretaire”. Los animales le brindan cuerpo a un abanico de interpretaciones, fantasías, ideas, impulsos e intuiciones. Giménez, siempre glamoroso, brinda prueba en esta exposición de una incondicional entrega a la belleza, pero sobre todo, de que su arte no envejece. Si bien con el mismo aire desprejuiciado de siempre trae frases y citas cargadas de humor, lo cierto es que su arte se ha vuelto más elocuente, su potencia no necesita palabras. Las obras ponen en evidencia el deseo del artista de estetizar la vida. Es decir, el anhelo de convertir en cuestiones gratas y extraordinarias las cosas comunes de todos los días. El movimiento Pop comenzó a cerrar el abismo que algún momento se abrió entre la vida y el arte. Al romper con el exclusivismo y “humanizar” su mensaje, suscita un interés creciente en amplios sectores de la población. Hoy, por placer o curiosidad, el público concurre masivamente a las exhibiciones de arte.
Romero Brest coincidía con Arnold Hauser, quien dijo que “las obras de arte son una provocación”, y Giménez aclara con humor ese concepto, cuando agrega: “Algo tiene que pasar con el arte. Si todo queda como antes, si no pasa nada, es que no sirve”. El artista convocó a Cynthia Cohen a compartir la exposición como invitada especial. Cohen, conocida referente del Pop, pintó una obra homenaje, una mona albina envuelta en fabulosas perlas. Entretanto, la teórica Laura Batkis, presenta una entrevista que acerca a Edgardo Giménez al público.



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