Sabina: el seductor melancólico

A seis años de su última visita, Joaquín Sabina regreso al país y brindó el primero de varios conciertos en el Movistar Arena, en su gira “Contra todo pronóstico”. Con un dejo de nostalgia tanto para él como para sus fans, el recital arrancó con esa referencia ineludible a la edad y el tema: “Cuando era más joven”, en un contraste evidente con los tópicos que lo obsesionaron desde siempre, como el hombre amante y canalla, con aires de una época que se ha transformado de manera drástica.

En su habitual escenario con bar, se lo escuchó con buena voz secundado por Tamara Barros. Desde el comienzo se extrañó a Pancho Varona, su histórico colaborador que lo acompañó durante cuarenta años y 14 discos. Esta vez estuvo Montenegro Borja, de perfil más bajo. Las canciones de los últimos tiempos no pueden más que reflejar un presente de achaques como “Sintiéndolo mucho”, donde habla de envejecer sin dignidad, un corazón que no rima con la realidad o un cambio obligado de rumbo. Lo más celebrado estuvo en el Sabina de hace décadas, con “Mentiras piadosas” y el público de pie rememorando al cantautor de los excesos; “El boulevard de los sueños rotos”, con Chavela Vargas y José Alfredo Jiménez en la inmensa pantalla, o “Llueve sobre mojado” que surgió del disco que grabó con Fito Páez. Hubo momentos más íntimos como “Yo quiero ser una chica Almodóvar” entonada por Mara Barros cuando Sabina salió a descansar y cambiarse para el final. El contraste con guitarra eléctrica dejó bellas versiones de “19 días y 500 noches”, “Peces de ciudad” o “Y sin embargo te quiero”. En los bises irrumpieron las esperadas “El caso de la rubia platino” cantada por Asua Abasolo y Sabina, “Contigo” y un mash up entre “Noches de boda” con “Y nos dieron las 10” y “Pastillas para no soñar”.

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