19 de abril 2023 - 00:00

Vuelven a florecer los pájaros de Maresca

Vasari le dedica una exposición a la artista, muerta a temprana edad en 1994.

maresca. “Séptimo escalón”, madera enchapada, se ve en la muestra.
maresca. “Séptimo escalón”, madera enchapada, se ve en la muestra.

La galería Vasari presentó la semana pasada la muestra “Florecerán pájaros” de Liliana Maresca (1951-1994), artista que murió de sida a los 43 años. Venerada por sus pares y admirada por su creatividad, fue una brillante gestora de proyectos colectivos de autogestión que hoy son una leyenda. Las imágenes de “La bufanda”, “La lavandería”, “La Kermesse” o “La Conquista”, sumadas a las de sus performances, resultan inspiradoras para las nuevas generaciones. Si bien el Museo Moderno, después de la muestra de Adriana Lauría en el Museo Castagnino de Rosario, realizó en 1917 una merecida antológica curada por Javier Villa, Maresca es una artista de culto, escasamente conocida por el gran público, y sus obras son siempre bienvenidas. La galería Vasari representa el estate de Liliana Maresca en manos de su hija Almendra Vilela.

El conjunto de trabajos expuestos fue realizado entre 1988 y 1994, los años previos a su temprana muerte, y permite conocer algunas características de una obra que ofrece varias lecturas. En primer lugar, la condición precursora de Maresca, como los carritos de cartoneros que se anticipan a la aparición de este fenómeno porteño. Luego, está presente el espíritu juguetón del llamado “arte light”. Su estilo sintetiza las vertientes que afloran en los años 90, pero en su corta vida llega mucho más allá. Su arte no envejece. La afinidad con los artistas del Centro Cultural Rojas cuya sala inauguró, se advierte a través de un autito color rosa, una serie de dibujos y una escultura de Pinocho, “El perrito” o un osito de peluche trepado a una pirámide de aluminio. En Vasari exponen una serie de dibujos eróticos. Para representar los temas de su interés, Maresca contaba con una franca facilidad que le permitía elaborar sus obras con objetos encontrados, algunos en la basura. Desafío que le impuso su maestro, Emilio Renart.

Pero en la etapa que muestra Vasari, hubo un cambio dramático en la obra. Víctor Grippo le había recomendado leer a Jung y poco después se interesó por la alquimia. Así se inició en la búsqueda de las fórmulas de transmutación material y espiritual. En 1987 asistió a unas clases de escultura y comenzó a utilizar materiales nobles como el bronce (un sustituto del oro), el plomo y la madera. Ese mismo año le diagnosticaron el HIV positivo. “No todo lo que brilla es oro”, es el título de una muestra de 1988 y de una caja de madera con objetos de metal que exhibe Vasari. Frente a ella hay un video donde Maresca manipula esas formas rigurosas. Otra caja de mayor dimensión reitera el contenido y pertenece en la actualidad a la colección de la Tate Gallery de Londres. Con esta misma estética realizó “Séptimo escalón”, una pieza clave. Sobre las geometrías de la escalinata, cobran sentido una reluciente esfera (símbolo divino) y un cubo (símbolo terrenal). Las formas arquetípicas y doradas del cubo y la esfera se repiten en varias obras. En 1991 las presenta en gran formato en el Centro Cultural Recoleta, en la instalación “El Dorado”. Tema que coincide con la muestra que, con el mismo título y mayor despliegue, presenta en estos días la Fundación Proa. Entre los artistas argentinos no figura Maresca. Han pasado 32 años desde que la artista con un gesto minimalista plantó una PC para imprimir la estadística de los kilos de oro transportados a España y la relación con los litros de sangre india derramada. Allí había una alfombra roja y un trono frente a la esfera y el cubo. Pero el trabajo de Maresca ha sido olvidado por los curadores y la crítica especializada. “La mítica ciudad de El Dorado nunca fue descubierta, pero la búsqueda alimentó la avaricia y la imaginación de los europeos”, observa María Gainza en un texto dedicado a la artista.

La exposición de Vasari, deja finalmente a la vista una artista excepcional, justo en el momento que enfrenta el deterioro y la muerte. Sobre ella escribe Mauro Libertella. “Maresca rescata materiales impuros, descartes de la vida cotidiana, incluso chatarra, y sobre ellos imprime una lectura del mundo, una interpretación. ¿No es eso lo que hacen los artistas? Recorrer esta exhibición nos hace entender, con la claridad un poco cegadora de una revelación, que todos vivimos rodeados de belleza y que solo es cuestión de cambiar el ritmo y el tono con el que miramos nuestra ciudad”.

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