31 de enero 2003 - 00:00

Concordia: una leyenda al borde el Uruguay

Se accede desde Buenos Aires por Panamericana hasta Zárate y desde allí por la Ruta 12 y luego la 14 en un zigzagueante viaje de 430 kilómetros a través de generosos sembradíos, por estos días rebosantes de verdes furiosos y contrastantes amarillos.Desde el interior del país se llega ingresando por túnel subfluvial, distante unos 277 kilómetros de la ciudad, hasta su empalme con la Ruta Nacional 18 hacia Villaguay y directo a Concordia.
Es el fiel reflejo de una Argentina que pudo ser.
Pero hoy es la ciudad del país con mayor índice de pobreza y su economía se basa, fundamentalmente, en las pocas empresas de citrus (se la conoce como «la capital del citrus») que sobrevivieron a la crisis y en las fuentes de empleo generadas por la represa de Salto Grande. Una realidad que contrasta con el esplendor que supo exhibir hace más de 50 años cuando se reconocía como una de las principales productoras de citrus y vinos.
Se hacen imperdibles ciertas postas para el visitante: el
complejo termal, el lago Salto Grande (generado por la represa homónima) y el antes mencionado Palacio San Carlos (al que Saint-Exupéry bautizó «castillo de leyenda»), enclavado en la reserva natural del Parque Rivadavia.
Es aquí donde se impone una recorrida por el castillo que el francés
Edouard Demachy construyó en 1888. Pensó pasar allí el resto de su vida junto a su esposa Yolande, regenteando el saladero Uruguay. Pero el sueño duró poco. Por causas desconocidas Edouard y su familia viajaron a Francia en 1892 y nunca más volvieron a Concordia. Habían dejado la casa puesta como para volver, pero nadie volvió a saber de los Demachy. Ahí comenzó la leyenda y el misterio, que todavía hoy sigue sin esclarecerse.
La casa pasó luego a manos de otros arrendatarios como
M. y Mme. Fuchs Valon, quienes tuvieron como huésped de honor al autor de El Principito. Es, precisamente en el capítulo «Oasis», donde el autor realiza una de las descripciones más poéticas del lugar. Allí bosqueja las personalidades de las hijas del matrimonio Fuchs Valon - Edda y Suzanne - que tienen semejanzas con la del personaje principal de su obra.
La casa volvió a quedar vacía unos años despúes y
poco a poco fue desvalijada. Hasta que un incendio aniquiló lo que aún quedaba fines de los años treinta.
Hoy existen sólo las paredes del llamado Palacio de San Carlos que forma parte del dominio municipal.
Amplios salones guardan en silencio el esplendor de antaño y, según cuentan, si uno se para en el centro puede escuchar el murmullo «fantasmal» de quienes habitaron la propiedad. También en la cocina, dicen, rechinan de vez en cuando los cuchillos del equipo de cocineros que
Eduardo Demachy contrató especialmente para recrear sabores locales y faenar carnes del saladero. Es un remanso obligado de la historia local.
Bajo los arcos de las dos entradas principales varias chapas homenajean al autor de «El Principito»:
«A Antoine de Saint-Exupéry. Embajada de Francia-Alianza Francesa. Concordia 1966». También evoca al escritor el nuevo monumento que representa al Principito frente al castillo.
Otra de las salidas aconsejables es visitar el
Museo de Salto Grande, que guarda elementos y material fotográfico vinculado a la construcción de la represa, al tiempo que también se impone una visita guiada por la magnífica obra energética.
De noche la plaza principal de la ciudad invita a disfrutar de
exquisitos pescados de río, un ritual que hasta no hace mucho tiempo le estaba reservado a los locales de la hermosa costanera, hoy totalmente destruida por el avance inclemente de las inundaciones.

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