Economías regionales: la yerba mate y la vitivinicultura siguen cayendo y no encuentran piso

El último Semáforo de Economías Regionales de Coninagro, con datos de junio, mostró 4 actividades en verde, 8 en amarillo y 7 en rojo. El maní fue el único sector que logró mejorar de categoría, mientras la vitivinicultura acumula 41 meses consecutivos en crisis y la yerba mate, 27.

La vitivinicultura no levanta y se mantiene en rojo, de acuerdo a Coninagro.

La vitivinicultura no levanta y se mantiene en rojo, de acuerdo a Coninagro.

Con una regularidad que ya lleva más de ocho años, la Confederación Intercooperativa Agropecuaria Limitada (Coninagro), volvió a publicar su Semáforo de Economías Regionales, el termómetro mensual con el que la entidad cooperativa retrata la salud de 19 producciones agropecuarias del país.

La edición correspondiente a junio, difundida a mediados de agosto, confirmó una fotografía que se repite mes a mes con pocas variaciones. Un campo partido en dos, en donde las cadenas de carnes y granos atraviesan un buen momento y la mayoría de las economías regionales -las de las economías provinciales, las que sostienen el entramado productivo del interior- siguen sin encontrar rentabilidad sostenida.

El relevamiento arrojó 4 actividades en verde, 8 en amarillo y 7 en rojo. Respecto del mes anterior, el único movimiento fue el del maní, que pasó de rojo a amarillo gracias a una mejora en sus indicadores de precio, debido a que la tonelada de maní Runner llegó a los u$s659 en junio, un 14% más en dólares que un año atrás.

En la franja verde se mantienen bovinos, ovinos, granos y miel, sectores en los que los precios crecieron por encima de la inflación y el desempeño exportador acompañó. En el otro extremo, siguen en rojo la yerba mate, el arroz, el vino y mosto, las hortalizas y el algodón, la leche y la mandioca. Coninagro explicó que, en la mayoría de estos casos, el problema no está en la producción física sino en el frente de los precios, es decir, lo que reciben los productores se mantuvo estancado o creció por debajo de la inflación y de los costos operativos.

Los casos más extremos

Ningún dato resume mejor la profundidad del ajuste que el de la vitivinicultura porque acumula 41 meses seguidos en rojo, más de tres años sin salir de la zona crítica. La yerba mate no está muy lejos, con 27 meses consecutivos en la misma situación desde abril de 2024.

En junio, el litro de vino se pagó al productor a $255, un 30% menos en términos interanuales, y muy por debajo de su promedio histórico de $763 a precios constantes. La yerba, por su parte, pagó $260.000 la tonelada de hoja verde, con una caída real del 13% frente a un año atrás, cuando el promedio de los últimos cinco años ronda los $632.000. En ambos casos, la producción física no cayó de manera dramática pero los precios sí perdieron terreno frente a la inflación.

Coninagro agregó una mirada de largo plazo, al señalar que en sus más de ocho años de historia, 8 de las 19 economías relevadas pasaron más de la mitad de los meses en rojo. Además de vitivinicultura, aparecen la lechería (64% de los meses) y el arroz y los cítricos (63%). En la vereda opuesta, la ganadería bovina estuvo en verde en la mitad de los meses medidos, seguida por la porcina (47%) y la aviar (41%).

El campo que exporta

Uno de los datos más contundentes del informe tiene que ver con el comercio exterior porque en el primer semestre de 2026, las 19 economías relevadas exportaron u$s31.940 millones, un 21% más que un año atrás. El complejo de granos -soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo- explica el 79% de ese total, con la soja como principal producto (más de la mitad del valor exportado).

Si se saca a los granos de la ecuación, el resto de las economías regionales exportó u$s6.843 millones, con la cadena bovina como la más relevante (42% de ese total), seguida por la vitivinicultura y el arroz. En importaciones, la relación es de U$S 13 exportados por cada dólar importado en el agregado, aunque hay excepciones: el algodón importa el equivalente al 77% de lo que exporta, y la mandioca prácticamente no exporta nada frente a compras externas por u$s3,8 millones.

El informe también mide qué porción del precio final que paga el consumidor termina en el bolsillo del productor, para once cadenas. En mayo, solo 4 de esas 11 actividades -papa, hortalizas, porcinos y ovinos- mostraron una participación del productor por encima de su promedio histórico. En el resto, la porción cayó.

Los casos más marcados son, de nuevo, el vino y la yerba mate. El productor vitivinícola se quedó con el 13% del precio final, frente a un histórico del 24%; en yerba, la participación fue del 15% contra un promedio del 23%. Coninagro atribuyó esa brecha al nivel de industrialización de cada cadena debido a que cuanto más procesos intermedios tiene un producto antes de llegar a la góndola, menor es la porción que le queda a quien lo produce.

La yerba mate acumula 27 meses de caída y se sostiene en el color rojo del semáforo de Coninagro.

La yerba mate acumula 27 meses de caída y se sostiene en el color rojo del semáforo de Coninagro.

Por las provincias

Detrás de cada color del semáforo hay una geografía productiva que explica por qué la crisis de las economías regionales golpea de manera muy desigual según la provincia. Las siete actividades que hoy están en rojo se concentran, en su enorme mayoría, fuera de la región pampeana, en economías provinciales con menos diversificación productiva y, por lo tanto, con menor margen para amortiguar un mal momento de precios.

Misiones y Corrientes concentran la producción de yerba mate -la actividad con la racha roja más larga después del vino, 27 meses- y también gran parte de la mandioca, otro cultivo en rojo. Corrientes suma además el arroz, con Entre Ríos y Santa Fe como otras zonas arroceras relevantes. Es decir, una misma provincia (Corrientes) puede tener hasta tres de sus economías regionales típicas en situación crítica al mismo tiempo.

Mendoza y San Juan, que son el corazón de Cuyo, cargan con el peso de la vitivinicultura, la actividad más comprometida de todo el relevamiento con 41 meses ininterrumpidos en rojo. Ya es una crisis que no es coyuntural sino estructural y que en esas provincias tiene un peso económico y social mucho mayor que en el resto del país, dado que el vino no es una producción marginal sino un eje de la economía provincial.

Chaco, Formosa y Santiago del Estero, bien al norte, concentran la producción algodonera, otra de las actividades en rojo, con una fuerte caída de superficie sembrada en la última campaña. En esas mismas provincias, junto con Misiones y Corrientes, también pesa la mandioca.

La leche, en cambio, tensiona a la región pampeana: Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires concentran la mayor parte de la cuenca lechera nacional, de modo que el rojo de esa actividad -con precios que crecen muy por debajo de la inflación- golpea a provincias que en otras cadenas (granos, carne bovina) están del lado verde del semáforo. Es el caso más claro de una provincia con producciones "mixtas", porque Santa Fe y Córdoba exportan bien en soja y maíz, pero sostienen tambos con rentabilidad ajustada.

La comercialización de las hortalizas es la actividad en rojo más repartida porque el cinturón hortícola de provincia de Buenos Aires, de Mendoza, Corrientes, Salta y Jujuy aportan volúmenes significativos, por lo que su mala performance no golpea a una sola economía provincial sino que se reparte entre varias.

En el otro extremo, las provincias con mejor posición relativa son las que concentran ganadería bovina, producción avícola, porcina y granos. Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa, que son también las que explican la mayor parte de las exportaciones agroindustriales del país. La asimetría entre pampa húmeda en verde, economías del norte y de Cuyo en rojo, es la lectura territorial de fondo que el semáforo de Coninagro viene confirmando mes tras mes.

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