20 de marzo 2006 - 00:00
El Belgrano Cargas y los intereses de Moyano
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Sin embargo, la pretensión de la Federación de Camioneros, que pretende tener injerencia en el funcionamiento del servicio, ha puesto en riesgo su inminente reactivación.
Está claro que el transporte automotor, por camiones, es tres veces más caro que el ferroviario. Para las provincias del NOA y del NEA, empeñadas en potenciar su desarrollo, las distancias que las separan del puerto de Buenos Aires resultan hoy un escollo insalvable, sometidas como están a fletes exorbitantes y caminos en mal estado.
De tal manera, asegurar el acceso competitivo de los productos del Norte Grande al puerto de Mejillones y a los mercados del Pacífico ha pasado a ser una cuestión central para el crecimiento sostenido de nuestras economías.
Para el Norte Grande, con sus casi ocho millones de habitantes, rehabilitar el Ferrocarril Belgrano, hoy abandonado y destruido, es una cuestión vital. La falta de inversión y la negligencia del Estado y de los actuales concesionarios de la Unión Ferroviaria llevaron a la inutilización de gran parte de los rieles, las locomotoras, los vagones,
las estaciones y los talleres.
En dos décadas, el Belgrano pasó de transportar casi cinco millones de toneladas por año, a apenas 800 mil toneladas. La gestión de los gobernadores ante la administración nacional logró diseñar una solución: un consorcio de empresarios argentinos y chinos está dispuesto a hacerse cargo del ferrocarril, con una inversión proyectada de 1.500 millones de pesos. De ese monto, 700 millones los aportará el Estado.
Sin embargo, a último momento, el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, anunció que había arribado a un acuerdo con la Secretaría de Transporte, para que la Federación de Camioneros se quede con las acciones que corresponden a las provincias y participe del directorio de Belgrano Cargas.
El titular de la CGT, en una suerte de acto fallido, señaló en un reportaje concedido a «El Tribuno» que «...el ferrocarril perjudicará a las empresas de transporte de cargas por camión y esto es inadmisible». ¿Cómo puede pretender entonces participar en un consorcio cuyo objetivo es, precisamente, impulsar el transporte por ferrocarril?
Además, para evitar que el Ferrocarril Belgrano les reste trabajo a los dueños de las flotas de camiones, reclama el derecho de su gremio a ejercer el poder de veto desde dentro de la empresa.
Como rúbrica, el gremialista sostuvo que el impuesto al gasoil, utilizado para subsidiar al ferrocarril, «es pagado por los camioneros, quienes de ese modo estarían financiando su propia competencia».
Queda claro, por si hubiera dudas, que la pretensión del sector no es la de fomentar el desarrollo ferroviario, sino, por el contrario, la de boicotearlo. No hay, en definitiva, argumento válido que justifique sus pretensiones por encima del desarrollo del Norte Grande y la calidad de vida de sus casi ocho millones de habitantes, quienes deberían ser privilegiados por encima de cualquier interés sectorial.




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