1 de junio 2004 - 00:00

Laguna Brava: refugio a 4 mil metros de altura

Los nativos afirman que a esta altura las tormentas suelen desencadenarse en quince minutos: el cielo se oscurece súbitamente, el viento sopla con fuerza y una aguanieve se descuelga de las nubes bajas.

«Sólo los que vivimos por aquí sabemos distinguir una nube común de una nube de tormenta», acotó un paisano.

Para afrontar los cambios climáticos, cuando la temperatura desciende mucho y muy rápido, los guías llevan frazadas y camperas de abrigo, que permite a los turistas afrontar con tranquilidad la inesperada aventura, aunque el termómetro marque bajo cero. También recomiendan, a los que llegan a la laguna en sus propios vehículos, que los estacionen a 100 metros de la orilla porque en la costa la tierra es más proclive a hundirse. Además, se los alerta para que no se alejen de los caminos marcados, porque suele ser difícil dar marcha atrás y retomar.

El recorrido turístico hacia la Laguna Brava se inicia en la localidad de Chilecito, con un primer tramo de 300 kilómetros que llega hasta Villa Unión, uno de los grandes pueblos riojanos, cabecera del departamento Felipe Varela, donde también nace la ruta que va a Chile. Se pasa por la pequeña localidad de Villa Castelli y se llega a Vinchina, el último poblado importante antes de la laguna.

Cerca de Vinchina, en Jagüe, poblado de apenas cincuenta casas, está la entrada a la Reserva Natural de Vicuñas y Flamencos Rosados.

Dentro de la reserva se transita por la Cuesta de Troya, de igual nombre que el río que pasa junto al camino. Los guías señalan que en este paraje nace la precordillera que muere en Mendoza.

Partiendo de Jagüe, el recorrido turístico atraviesa valles separados por altos cordones montañosos, para luego ingresar en los típicos caminos de montaña que llevan hacia los refugios que ordenó construir Domingo Faustino Sarmiento cuando fue presidente de la Argentina.

En el camino hacia la laguna, se pasa por dos de esos refugios, el del Peñón y el de la Laguna Brava, que son casuchas circulares de piedra que semejan nidos de horneros.

Al abandonar el refugio del Peñón, hay que remontar la cuesta del mismo nombre, en medio de un paisaje árido, despojado de vegetación, distante media hora de la laguna.

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