Con los titulares pensando en la final de la Copa Libertadores, los «chicos» de Boca le dieron una alegría a su público al ganarle a Independiente con total justicia, y, aunque no alcanzó para lograr el campeonato, hizo ilusionar a su gente por unas horas. El triunfo se basó en el mejor trabajo de su mediocampo y en los errores defensivos del rival, que nunca encontraron la forma de controlar a Estévez y Bracamonte.
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Este Boca «B» fue tan práctico como el otro. Con una defensa firme y expeditiva, un mediocampo de lucha y dos delanteros desequilibrantes, dejó venir a Independiente hasta tres cuartos de cancha para contraatacarlo con acierto.
Independiente, por su parte, fue un compendio de errores: en defensa dio toda clase de ventajas, sobre todo en Franco, que perdió siempre de alto con Bracamonte y Federico Domínguez, que para completar una tarde desacertada se hizo expulsar al golpear con su puño a Jerez dejando a su equipo con un hombremenos en el primer tiempo. En la mitad de la cancha Ríos y Guiñazú mostraron su buen manejo de la pelota, pero también su poca ambición para mirar el arco contrario, y Montenegro y Federico Insúa pasaron casi inadvertidos por la cancha, ya que nunca entraron en el circuito de juego. Esto aislaba a Silvera, que con su poca efectividad tampoco contribuía.
Boca se puso en ventaja al aprovechar Canéo un cabezazo en el área de Bracamonte y, después de la expulsión de Domínguez, aprovechó su oportunidad para quitarle la pelota a Independiente y manejarla con mucho criterio, aunque sin profundidad.
Los otros dos goles llegaron como consecuencia de ese dominio, y, aunque Ruggeri intentó con los juveniles Ayala y Rivas cambiarle la cara al equipo, no lo logró y apenas pudo descontar por una maniobra individual de Emanuel Rivas.
Esta derrota agrava la crisis de Independiente, ya que Ruggeri nunca tuvo el apoyo de los simpatizantes, y esta derrota agrava esa relación.
Los «chicos» ganaron un partido impensado, aun para los simpatizantes, que no fueron masivamente a la cancha y ante la derrota de Vélez soñaron con un traspiés de River para tener alguna chance de ganar el campeonato. No pudo ser, pero igual se fueron contentos.
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