La selección argentina de voley tendrá que superar esta noche el segundo escollo: China (que ayer cayó por un claro 3-1 ante Portugal) para asegurarse un lugar en la siguiente ronda. Tal vez en un partido menos exigente que contra el potente equipo de Australia, que dirige el argentino Jon Uriarte.
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Argentina comenzó el torneo luchando contra todos los elementos que presupone la condición de local. Un estado de nerviosismo especial como el que padece todo país anfitrión, el peso de una responsabilidad mayor que baja de las tribunas colmadas y se deposita en el campo de juego, y la indudable potencia de los rivales que no llegaron a esta instancia de casualidad. En este último caso basta con hacer un repaso a ese 3-1 logrado tras un sufrido 22-25, 25-18, 31-29 y 32-30, que es toda una radiografía de un partido donde había que poner todo.
Debía imponer su personalidad, su fibra gana-dora y el equilibrio entre los «expertos» Milinkovic, Conte y Weber con ese puñado de jugadores que vienen empujando, con todo lo que supone la posibilidad de integrar una selección y el impulso de los que quieren llegar a lugares, que una vez en la cancha son más difíciles de lo que se piensa.
Todas estos elementos son de tener en cuenta porque valoran -más allá del triunfo-que de pronto «lo peor ya pasó», si se sabe que este partido tenía una tensión adicional. Seguramente desde allí habrá que analizar a esta selección argentina y habrá que pensar que los minutos de demora para acomodar su saque y coordinar las acciones de bloqueo, tienen algunas respuestas que en otros partidos no la tendrían.
Este equipo -en definitiva-apeló a la experiencia de Weber para darle serenidad al armado, a la potencia de Milinkovic, en los remates cruzados, a la experiencia de Conte para darle serenidad a los compañeros cuando no se encontraba el camino que sintetizara esa «pared» llamada Australia.
Si hay algo destacable en los argentinos fue la enorme capacidad defensiva demostrada, donde Meana se convirtió en bastonero para que los tremendos saques que provenían de la línea de saque de Australia. Un equipo de gran potencia asentado en la capacidad de Van Beest y la circulación de pelota que le daban Howard y Hardy. Sin embargo, no se puede dejar de valorar los cambios estratégicos que propuso Getzelevich que con la inclusión de Ferraro por Weber hizo que los rivales tuvieran dificultades para leer el juego argentino.
En síntesis, un triunfo trabajado con muchos aciertos y una producción como para entusiasmarse con mucho más. Por ahora, se puede decir que como por ser el partido debut, con lo hecho bastó y sobró.
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