Derrota alteró ánimos del DT
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Alfio Basile
Basile es un hombre con códigos «de barrio», un técnico experimentado que ya a esta altura de su vida y de su carrera debe aceptar las críticas como nadie, aunque le resulten desfavorables.
Se disputaron cuatro partidos. Conclusión: la Selección no juega bien. El técnico quiere mantener viva «la idiosincrasia futbolista argentina», la del toque, pases cortos y gambeta. Prioriza el buen momento de los jugadores por sobre un trabajo individual y colectivo a largo plazo. Sus objetivos apuntan hacia lo mediato. Lo explica en la falta de contar con tiempo para trabajar con los jugadores. Tal vez por eso, llevando ya un año al frente del seleccionado, aún no pudo encontrar a un lateral por izquierda y por eso debe improvisar a Zanetti por ese lateral cuando Heinze sufre alguna lesión.
Ahora su enlace es Riquelme... ¿Qué pasa si antes de 2010 el mediocampista de Villarreal (a un paso de volver a Boca) baja su rendimiento? No hay otro Maradona y la Selección no está acostumbrada a jugar un 4-4-2.
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Quedó demostrado en la última Copa América disputada en Venezuela: mientras dejaron libres a Riquelme y a Messi, la selección brindó «espectáculo». Sin embargo, cuando en aquella final la defensa de Brasil encimó a los jugadores clave y cortó el juego (lejos de su área Argentina), el equipo no tuvo respuestas. Esas mismas réplicas que le faltaron el martes en Bogotá, cuando Riquelme no tuvo una buena noche y se fue expulsado Tevez de manera infantil.
Messi quedó arriba, solo, ante un regimiento de defensores, mientras se escuchaba desde un costado de la línea de cal la voz de Basile gritándole: «Andá, gambetealos», antes de procurar algún cambio que le brinde oxígeno.
Otra vez el juego de la Selección se hizo lento, tedioso, por momentos exasperante, con ese «toqueteo» intrascendente y lento. Al equipo le falta ese cambio de ritmo, explosión en los últimos metros.
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Aún está fresco el gol de Cambiasso ante Serbia y Montenegro en el Mundial de Alemania. Hubo 25 toques, pero en un momento alguien aceleró, y otro tuvo la potencia e inteligencia para definir. Ahora las cosas parecen ser distintas. Argentina pretende mantener su tradicional estilo. No es malo, pero necesita modernizar su juego y agregar a la capacidad individual de sus jugadores un mayor trabajo de conjunto.
Nadie puede dudar que individualidades hay (y muy buenas), pero el equipo no apareció aún por lo menos con continuidad.
Ante esta realidad, Basile no debe irritarse, aunque arrecien trascendidos o preguntas disonantes.



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