22 de noviembre 2007 - 00:00

Derrota alteró ánimos del DT

Alfio Basile
Alfio Basile
Hay actos que ponen nervioso al técnico de la Selección, Alfio Basile. No es la primera vez que en el ambiente futbolístico se escucha que «el 'Coco' dirige hasta las eliminatorias, pero después...». Claro está que conociendo cómo actúa en estos casos el presidente de la AFA, Julio Grondona, es muy difícil que Basile sea reemplazado a mitad de camino hacia el Mundial de Sudáfrica 2010.

Sin embargo, se puede afirmar que el entrenador no está cómodo, se lo nota irritado ante cualquier pregunta «incómoda» que la gente de prensa le pueda realizar, gane o pierda la Selección. En el viaje realizado a Venezuela, tuvo un duro enfrentamiento con el periodista televisivo Roman Iutch, a quien le colocó el cartel de «contra». El martes por la noche, en la conferencia de prensa posterior al partido con Colombia, se molestó con el periodista del diario «La Nación» Claudio Mauri cuando le preguntó sobre las consecuencias que podía traer la derrota sufrida en Bogotá.

Se vio que Basile esbozaba una respuesta forzada, seguramente no como quería. Lo cierto es que se notó claramente que quedó herido. A tal punto que horas más tarde encaró para recriminarle airadamente al escriba sobre la pregunta que había efectuado. La situación no pasó a mayores porque alguien se interpuso y luego el entrenador desapareció de escena.
Basile es un hombre con códigos «de barrio», un técnico experimentado que ya a esta altura de su vida y de su carrera debe aceptar las críticas como nadie, aunque le resulten desfavorables.


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Se disputaron cuatro partidos. Conclusión: la Selección no juega bien. El técnico quiere mantener viva «la idiosincrasia futbolista argentina», la del toque, pases cortos y gambeta. Prioriza el buen momento de los jugadores por sobre un trabajo individual y colectivo a largo plazo. Sus objetivos apuntan hacia lo mediato. Lo explica en la falta de contar con tiempo para trabajar con los jugadores. Tal vez por eso, llevando ya un año al frente del seleccionado, aún no pudo encontrar a un lateral por izquierda y por eso debe improvisar a Zanetti por ese lateral cuando Heinze sufre alguna lesión.

Basile es un técnico aferrado al sistema 4-3-1-2, es decir con un enlace clásico, una exigencia de las que ya quedan pocos en el mundo. En su primera etapa como DT del seleccionado, en los comienzos de los 90, tuvo a «Leo» Rodríguez en su plenitud y logró dos Copa América.

Sin embargo, cuando el ex jugador de San Lorenzo entró en un declive futbolístico, los cinco goles sufridos ante Colombia en el estadio Monumental obligaron a la Selección a jugar un repechaje para el Mundial de los Estados Unidos. Para afrontar dos partidos ante Australia se le tuvo que pedir a Maradona que retornara para calzarse la «10».
Ahora su enlace es Riquelme... ¿Qué pasa si antes de 2010 el mediocampista de Villarreal (a un paso de volver a Boca) baja su rendimiento? No hay otro Maradona y la Selección no está acostumbrada a jugar un 4-4-2.

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Quedó demostrado en la última Copa América disputada en Venezuela: mientras dejaron libres a Riquelme y a Messi, la selección brindó «espectáculo». Sin embargo, cuando en aquella final la defensa de Brasil encimó a los jugadores clave y cortó el juego (lejos de su área Argentina), el equipo no tuvo respuestas. Esas mismas réplicas que le faltaron el martes en Bogotá, cuando Riquelme no tuvo una buena noche y se fue expulsado Tevez de manera infantil.

Messi quedó arriba, solo, ante un regimiento de defensores, mientras se escuchaba desde un costado de la línea de cal la voz de Basile gritándole: «Andá, gambetealos», antes de procurar algún cambio que le brinde oxígeno.

Otra vez el juego de la Selección se hizo lento, tedioso, por momentos exasperante, con ese «toqueteo» intrascendente y lento. Al equipo le falta ese cambio de ritmo, explosión en los últimos metros.

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Aún está fresco el gol de Cambiasso ante Serbia y Montenegro en el Mundial de Alemania. Hubo 25 toques, pero en un momento alguien aceleró, y otro tuvo la potencia e inteligencia para definir. Ahora las cosas parecen ser distintas. Argentina pretende mantener su tradicional estilo. No es malo, pero necesita modernizar su juego y agregar a la capacidad individual de sus jugadores un mayor trabajo de conjunto.

Nadie puede dudar que individualidades hay (y muy buenas), pero el equipo no apareció aún por lo menos con continuidad.

Ante esta realidad, Basile no debe irritarse, aunque arrecien trascendidos o preguntas disonantes.

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