Djokovic se coronó campeón de Wimbledon
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Conforme se sucedían los puntos, el serbio iba controlando sus nervios, perfilando el saque y despertando a ese gigante que lleva dentro para contrarrestar a Nadal.
Se gana al público en el quinto juego al subir a la red inesperadamente para Nadal, que se queda lejos de poder alcanzar una pelota.
Entre alabanzas sin control para el mallorquín, que recibe varios "I love you, Rafa", y la entrega absoluta de los británicos a Djokovic, que no perdonan a Nadal por haber eliminado a su querido Murray, los dos contrincantes iban dando rienda suelta a sus mejores armas.
Lo difícil para ambos era encontrar la forma de atacar al adversario, de hacerle daño ahí donde más flojeara. Había que ser paciente y Djokovic lo fue.
Llegado el décimo juego, con el 30-30 en el marcador y el saque para Nadal, los dos grandes del momento se medían el pulso en un agresivo peloteo y Rafa erró. Dejó la bola clavada en la red y dio el 30-40 a su adversario. Aún es más: Nadal regaló el punto de rotura a Djokovic enviando su pelota fuera del court..
La ventaja numérica otorgó al balcánico una confianza extra que lo impulsó rápidamente para imponerse en el segundo set.
Arrancó con buen pie y rompió al mallorquín en el primer saque de éste. Tuvo a su favor dos puntos de 'break', pero ni siquiera esperó al segundo. Novak estaba impaciente y celebraba ese quiebre como si el premio lo tuviera ya en sus manos.
El apoyo de los espectadores y sus ansias de cerrar con más nota aún una temporada histórica -tras encadenar en la primera parte del año 43 victorias consecutivas hasta su caída en Roland Garros-, le inyectaron al serbio pura vitamina para no dar tregua en este partido.
Volvió a romper el servicio de Rafa en la siguiente oportunidad. Con un pleno de 3-3 (opciones de rotura-aciertos).
El físico de Nadal resplandecía en la pista, la misma que él estrenó en esta 125 edición del torneo para disfrutar del honor que le correspondía como defensor del título. No obstante, sus errores le pasaron factura.
El serbio no perdonaba. Se escurría por cada rincón del terreno. Sus pelotas eranpuro veneno para el español, que viendo la paliza que le estaba dando el rival en ese segundo parcial decidió esperar, guardar fuerzas y reponerse en la tercera manga. "Nole" había cerrado el segundo set en 33 minutos con un demoledor 6-1.
Ahí se abrió el paréntesis, pues el serbio se sintió anclado ante el despegue de Rafa Nadal. No podía ser ni tan rápida ni tan fácil una final de este nivel, donde el público exigía más y más.
Entre los espectadores se encontraba el primer español que ganó Wimbledon, Manuel Santana, junto a su mujer, Claudia. Quería ver triunfar de nuevo al joven que ha seguido sus pasos, al que él le abrió camino.
El tercer set fue de dominio absoluto de Nadal: rompió el servicio de "Nole" en el segundo juego, se lo volvió a anular en el sexto y firmó dos plenos en el tercer y séptimo juego. Fueron los únicos instantes de gloria para Rafa, al que algunos seguidores calificaban de "fenómeno" cuando irrumpían a gritos entre punto y punto.
Nadal jugó, a ratos, con un servicio apabullante, que rozaba en muchos casos los 200 kilómetros por hora, pero sus despistes en los momentos cruciales, poco habituales en su juego, costaron muy caro al español.
Es que, para sorpresa de todos, Nadal dejó escapar dos pelotas de 'break' consecutivas. Fue ahí donde se terminó la esperanza del español, que padeció la efectividad y el gran acierto de Djokovic.
Pese a tratar de agotarlo y moverlo de lado a lado de la pista, el serbio parecía incansable, caminaba firme hacia la victoria y se beneficiaba de las pelotas planas ante las que Nadal no tenía la respuesta adecuada.
Djokovic le condenó con una rotura justo después de haber dejado escapar su mejor opción. Nadal le devolvió el 'break', pero para entonces estaba ya debilitado. Djokovic tuvo que aguantar al octavo juego de ese parcial para sentenciar al dos veces campeón del torneo, que llegó a salvar una bola de partido, pero no pudo con la siguiente.
Pese a todo, aún hubo gritos de ánimo a Nadal: "Rafa, estamos contigo, campeón". Éste lo agradecía, sonreía y prometía que volvería sano el próximo año para intentar el logro de la tercera corona, tras superar este año dificultades físicas y jugar infiltrado en el pie izquierdo tres partidos, incluido el de hoy.



