15 de noviembre 2001 - 00:00

El fútbol llora la muerte de Lorenzo

El fútbol llora la muerte de Lorenzo
Se fue una parte grande de la historia del fútbol argentino. Un hombre que sobresalió por su sabiduría y que se caracterizó por su astucia y su sonrisa pícara. Se fue Juan Carlos Lorenzo, es lo mismo decir que murió parte del pasado glorioso del fútbol nacional.

Su fallecimiento se produjo ayer pasadas las 4 de la madrugada en su domicilio y sus restos serán sepultados en un cementerio privado, descartándose la posibilidad de que su cuerpo sea cremado y sus cenizas arrojadas en La Bombonera, más precisamente en el arco que da la espalda a la tribuna que ocupa la hinchada de Boca.

En los últimos meses, Lorenzo «estaba muy delicado» pero compartió sus últimas horas en su hogar, «a pesar de la fibrosis pulmonar que se le complicó con la diabetes».

Típico porteño de hablar «canyengue» y un característico andar chueco, había nacido en Buenos Aires el 27 de octubre de 1922.

Como jugador, se inició en 1940 en Chacarita Juniors, club en el que jugó 79 partidos, hasta 1944, y convirtió 20 goles. Luego pasó a Boca, donde disputó 25 encuentros y señaló 8 tantos, para finalmente viajar a Europa, donde militó en el equipo francés del Nancy y en el español del Atlético de Madrid, retirándose en 1958.

En su larga trayectoria como entrenador dirigió al Mallorca y Atlético de Madrid, Independiente de Santa Fe; Atlante; Lazio y Roma, y en nuestro país a San Lorenzo, Atlanta, River, Unión, Vélez y Racing. Sin embargo, fue en Boca y San Lorenzo donde cosechó los mayores logros, el más importante fue en 1978 cuando con Boca venció al Borussia Moenchengladbach y logró la Copa Intercontinental.

También el carismático «Toto» condujo al seleccionado argentino durante el Mundial de Inglaterra de 1966. Un equipo que regresó con el título de «campeón moral» luego de haber sido eliminado por el equipo inglés (1-0) en un partido en el que se evoca siempre la expulsión del capitán Antonio Rattín por parte de un árbitro alemán Rudolph Kreitlein. Lorenzo, quien había dirigido al equipo nacional que tuvo un opaco desempeño en el Mundial de Chile en 1962, fue llamado como entrenador faltando dos meses para viajar a Londres, luego de que renunciaran Antonio Faldutti y Osvaldo Zubeldía.

En 1987 tuvo un regreso poco afortunado a Boca, pero a pesar de una mala campaña el romance entre la hinchada y el entrenador quedó intacto. Ese fue también el final de una larga trayectoria deportiva cargada de éxitos y recuerdos. Retirado de los campos de juego, mitigó su pasión por el fútbol con la pluma, la palabra y volcando toda su sabiduría en memorables columnas en
Ambito Financiero.

Con total entereza y sin quebrar su voz la hija Beatriz dijo: «Mi papá pasó de un sueño al otro». En vida forjó el sueño de un Boca campeón... y lo consiguió. Ahora, desde el cielo seguirá alimentando ese mismo sueño y, tal vez, vuelva a concretarlo el 27 de noviembre cuando Boca, en Tokio, defienda la Intercontinental ante Bayern Munich.

La sonrisa pícara que siempre caracterizó a Juan Carlos Lorenzo. El «Tot o» falleció ayer en su domicilio a los 79 años, dejando escritas páginas gloriosas en la historia del fútbol argentino. Sus restos serán inhumados hoy en un cementerio privado.

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