Estamos en manos de Dios

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Es raro, más allá de si uno está de acuerdo o no, como mínimo provoca una sensación extraña. Que Diego, Diego Maradona, sea el entrenador de la Selección argentina de fútbol es raro. Nadie creía; algunos, sólo algunos lo deseaban, pero nadie se animaba a pensarlo con seriedad.

Cuando Alfio Basile presentó su renuncia indeclinable el jueves 16 de octubre, comenzó la ronda de nombres para hacerse cargo del plantel argentino, el que debe clasificar para el Mundial de Sudáfrica 2010 y que debe rescatar algo del prestigio que al menos este año perdió: de los diez partidos que disputó, ganó tres (ante rivales como Egipto, México y Uruguay de local por Eliminatorias), empató seis y cayó ante el Chile de Bielsa. Los candidatos que surgieron inmediatamente tenían mayor o menor sustento, pero ninguno carecía de coherencia: Batista, Bianchi, Maradona, Russo, Simeone, todos en estricto orden alfabético. Cada uno tenía con qué, sólo debía saberse qué se buscaría desde AFA. Además de aquel prestigio por reconquistar, el DT arribado debería reconstruir una mística de vestuario en este grupo de jugadores que -en algunos casos- tienen más millones de euros en el banco que años de edad y goles marcados con la camiseta celeste y blanca, aparte de tener consenso popular y periodístico. En cada caso, en cada nombre, uno podía encontrar virtudes y falencias, puntos fuertes y débiles, pros y contras. Sin embargo, en una carrera de igualdades, apareció -o mejor dicho, esta vez lo dejaron aparecer- un tal Diego Maradona, el único hombre que no llegó a cuatro victorias como entrenador en su carrera, y nadie se animaría a cuestionar, al menos públicamente, su autocandidatura. Si a esto le sumamos un par de periodistas adulones, el 10 ya estaba en carrera.

Julio Grondona quería que Diego Maradona participara de este ciclo de Selección, no tenía bien claro cómo: podía ser mánager, podía ser un puesto más relacionado con la imagen de Diego que con lo futbolístico, pero quería que estuviera cerca. Sorprendió, tenía en mente rescatar a gente que tuviera que ver con el último título logrado por Argentina a nivel mundial. México 86 tuvo la particularidad de haber entregado varios nombres que hoy son o al menos han sido entrenadores; entonces, con Carlos Bilardo como secretario de selecciones y Maradona con el buzo en el banco, más de la mitad de la ecuación estaba resuelta. Pero el detalle que queda por resolver es quiénes lo secundarán entrenando al equipo. Se pensó en Troglio, pero tiene vínculo vigente con Cerro Porteño; surgió el nombre casi natural de Sergio Batista, que junto al Tata Brown entrena a los juveniles y que vienen de lograr la medalla olímpica hace sólo dos meses; sin embargo, el despecho del ex volante central por no haber sido elegido daría una negativa para trabajar como ayudante de campo. Hoy, Argentina tiene mánager, seleccionador y preparador físico (Fernando Signorini), pero todavía no llegó a conformar un cuerpo técnico.

  • Experiencia

    La función de Bilardo no está del todo clara. Tuvo capacidad para jugar dos finales consecutivas de mundiales, tiene experiencia, quizá aquella que indudablemente le falta a Diego, y sobre todo tiene nombre a nivel internacional, algo que no parece necesario comparándolo con semejante apellido como seleccionador, pero al mismo tiempo, Bilardo divide aguas, y hasta sus adoradores lo relacionaban más con su función pública, periodística o hasta histriónica, pero se lo tomaba como alejado de un cargo de tanta exigencia como el de organizar una selección de primer nivel de fútbol. Probablemente hoy nuestro equipo nacional no necesitaba un personaje que generara enfrentamientos ni futbolísticos ni mediáticos.

    Como cualquier integrante de la patria futbolera, uno podía creer cuál era la mejor opción para hacerse cargo de la Selección argentina, pero eso ya no cuenta. Argentina tiene seleccionador y es Diego Maradona (¿sigue sonando raro no?). Entonces volveremos a ser hinchas número uno del equipo argentino. No hay intenciones de poner palos en la rueda ni de generar aún más conflictos internos, pero sí pondremos la lupa sobre rendimientos, decisiones y hasta en formas de proceder. Diego, que llevó la camiseta argentina como pocos, no como nadie, como pocos, hoy tiene una función y una imagen superior a la que tuvo durante 17 años dentro el campo de juego. El, que nunca aceptó ser ejemplo de nada, solamente para Dalma y Giannina, hoy sí deberá ser ejemplo, ante un grupo de jugadores que generan casi similar expectativa que la que generaba el mismo Maradona cuando jugaba.

    Ya pasaron las interminables jornadas de centenas de llamadas y cargadas de rumores; sólo queda por resolver nombres que acompañen a Diego (Gamboa, Troglio, Mancuso, Goycochea, etc.) y si el próximo 19 de noviembre estará al frente del equipo o se mantendrá el plan de emergencia que se había programado con Batista en el banco de suplentes argentino. Hoy Diego cumple 48 años, se merece festejarlo y disfrutar de este regalo que él anhelaba tanto. Junto a sus deseos, en su mente estarán Mascheranocon la cinta de capitán, Angeleri y Emiliano Papa vestidos de celeste y blanco, como ya lo fue adelantando ante cada micrófono que tuvo delante los últimos días. Como será su convivencia con Grondona, con Bilardo, con sus ayudantes y hasta con el periodismo que lo juzgará como técnico de la Selección y ya no solamente como un mito, se sabrá solamente con el paso de los acontecimientos y del tiempo. Estamos en manos de Dios.
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