Argentina volvió a escribir otra página brillante en la historia grande del básquet nacional: venció esta vez al potente equipo Alemán por 86-77 (tras parciales de 31-20, 46-34 y 71-60), cifras que son más que elocuentes y hablan por sí solas. Lo cierto es que sigue invicta, consolidada con ocho puntos, luego de cuatro encuentros computados (sin contar el descarte de Venezuela) y volviendo a llamar la atención de los expertos por su estrategia, solidez y las variantes que puede ofrecer ante rivales de jerarquía, como el de anoche.
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En verdad, como en partidos anteriores el triunfo lo cimentó desde el mismo comienzo y luego trató que Alemania -basada en la eficacia de Dirk Nowitzik, fundamentalmente a la hora del envío para anotar-se enredara en su propio juego, con Pepe Sánchez, Montecchia y finalmente Victoria-no en un giro permanente que hacía perder pier-nas, gastar minutos y tapar accesos a los remates de tres puntos.
Con Noccioni, Montecchia, Oberto y Scola fueron manteniendo distancias en el marcador. Habrá que destacar esta vez el trabajo fatigoso que le tocó a Wolkowisky, tratando que Nowitzik quedara aislado del tablero y de su compañero Patrick Femerling, de enorme peso en esa posición. De pronto pareció que este equipo de «magníficos» podría perder la cabeza sobre el final (quedó a cinco puntos), pero apareció en la línea de costado Rubén Magnano para arreglar las cosas.
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