3 de octubre 2006 - 00:00

Los juveniles se van pese a los reglamentos

En este mundo globalizado y muy informado por Internet, las plazas más poderosas futbolísticamente empezaron a buscar su «materia prima» en los países subdesarrollados y al principio se llevaron a precio barato a las mejores figuras que iban surgiendo de los campeonatos locales, hasta que advirtieron que llevando a los jugadores en su época adolescente o preadolescente y dándoles una buena alimentación y educación podían sacarles más provecho. Por eso empezaron a enviar « ojeadores», directores técnicos especialistas en la detección de talentos, sobre todo a los continentes americano y africano y hasta terminaron poniendo escuelas como centro de formación de esos talentos. En estas condiciones, muchos chicos de entre 12 y 15 años llegaron a Europa con el sueño de triunfar en el fútbol. Los padres firmaron las autorizaciones y, en algunos casos, hasta hicieron trámites judiciales para liberarlos por medio de la «patria potestad» de ligazones con clubes locales. A los que triunfaron les cumplieron todas las promesas, pero muchos chicos (sobre todo, africanos) quedaron en el camino y ante la negativa a volver a su vida anterior se quedaron en Europa como vagabundos, mendigos y, para ganarse la vida, terminaron en la prostitución o en la droga. Por eso la FIFA realizó en 2001 un estatuto que, entre otras medidas, prohíbe las transferencias internacionales de menores de 18 años, salvo en el caso de que el padre tenga que trasladarse a ese país (con papeles incluidos) por razones laborales. Eso frenó, en parte, las transferencias internacionales, aunque no totalmente, porque, hecha la ley, hecha la trampa. Porque esta reglamentación aún no pudo cumplir con su cometido final, debido a que es transgredida por padres, empresarios y dirigentes.

Los clubes son impotentes para frenar las transferencias de sus jóvenes valores como consecuencia de las cifras millonarias que se mueven alrededor de ellos. Los casos en la Argentina son muchos y disímiles. Está el de Lionel Messi, cuando jugaba en infantiles de Newell's. Su padre, Jorge Messi, fue a hablar con Eduardo López para que le pague un tratamiento para su hijo, que tenía problemas en la médula de crecimiento. Sin embargo, el titular de la institución rosarina se negó y lo dejó libre. Al poco tiempo, Lionel Messi «apareció» en Barcelona, club que finalmente le pagó el tratamiento y le dio trabajo al padre para poder establecerse.

De esta forma, entre Barcelona y el padre burlaron la reglamentación, y Newell's ni siquiera tuvo el derecho de solicitar la indemnización por formación, ya que lo había dejado libre.

También en Newell's sucedió el caso de Federico Laurito, quien apenas con 16 años cumplidos, fue vendido al Udinese en u$s 1.700.000, aunque en las arcas del club ingresó nada más que 15% de esa suma.

Además, están los casos del defensor Miguel Torrén (17 años) y Cristian Battocchio (14 años), quienes ya son observados y hasta ofrecieron cifras millonarias desde Europa.

También, muchas veces, los clubes deben vender el porcentaje de un juvenil a un empresario o a un grupo empresarial (por ejemplo, Independiente a Sergio Agüero o Rosario Central a Marco Ruben, Cristian Villagra y Angel Di María) para que les ingrese dinero fresco. En varias oportunidades, los padres son responsablesde la salida al exterior de sus hijos futbolistas.

Luciano Galletti jugaba en Estudiantes de La Plata cuando su padre lo sacó y, haciendo uso de la patria potestad, lo llevó a jugar a Fiorentina.

Lo mismo ocurrió con Cristian Ledesma, cuando jugaba en la 7ª de Boca. El padre consiguió un contacto y, también haciendo uso de la patria potestad, lo llevó a jugar al Lecce, club donde jugó hasta 2005, para pasar luego a Fiorentina. Boca actualmente está gestionando cobrar los derechos de formación. El mismo caso ocurrió con Fabricio Coloccini. El defensor pasó de Argentinos Juniors a Boca, donde jugó un año y un partido en Primera. Pero el padre lo sacó y lo llevó al Milan y recién años después Boca recibió un dinero por derecho de formación. Hace tres meses, River blanqueó un acuerdo con un grupo inversor, que puso una buena cantidad de dinero a cambio de porcentajes de juveniles.

Lo concreto de todos estos casos que sucedieron en la Argentina, y seguramente desconociendo muchos otros más que ocurrieron en distintas partes del mundo, hace pensar que los manejos indiscriminados llevados a cabo con la complicidad de las instituciones, padres y representantes seguirán existiendo y no habrá ninguna reglamentación -por lo menos, ésta no- que impida la fuga de jóvenes promesas.

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