29 de enero 2023 - 10:21

Novak Djokovic y el arte mágico de ser invencible

Con casi 36 años y 12 meses después de ser deportado, el serbio ganó su 10° Abierto de Australia e igualó a Nadal con 22 Grand Slam. Un dominador absoluto del tenis actual que, además, recuperó el N°1 del mundo.

Djokovic ganó su décimo Abierto de Australia y vuelve a la cima del tenis.

Djokovic ganó su décimo Abierto de Australia y vuelve a la cima del tenis.

ATP

A mediados de enero de 2022, las imágenes de Novak Djokovic en Australia no eran las acostumbradas. No estaba en el Melbourne con un trofeo en alto, sino dentro de un auto, con barbijo, rodeado de periodistas y rumbo al aeropuerto. El mejor del mundo había sido deportado por no haberse vacunado contra el Covid-19, requisito obligatorio para jugar el primer Grand Slam de la temporada. Sólo un año después, la escena cambió. Ahora sí, el serbio vuelve a ser noticia por ascender una vez más a la cima del tenis.

Sólo 12 meses después, venció 6-3, 7-6 (4) y 7-6 (5) al griego Stefanos Tsitsipas y empató a Rafael Nadal con 22 Grand Slams. En varones es récord, y están a dos de la máxima campeona de Majors, la australiana Margaret Court.

El broche de oro para esta historia que mutó entre ribetes de drama y suspenso, es que Djokovic volvió al N°1 del mundo. Con 35 años y 272 días, después de casi un año de perderlo asaltó el puesto más deseado por todos los tenistas. Esto arroja como consecuencia la prolongación de su prodigioso reinado: desde el lunes sumarán 374 semanas en la cima de la ATP, una cifra sin precedentes.

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La temporada 2023 arrancó muy diferente para el de Belgrado. Acumula 12 triunfos y ninguna derrota. Fue campeón en Adelaida I y ahora del Abierto de Australia. Es verdad que la edad empieza a pasarle factura, sus recuperaciones no son iguales y el juego a veces luce condicionado (vale destacar que compitió en Melbourne con molestias en el isquiotibial izquierdo). Pero incluso con estas incipientes debilidades, no existen muchos tenistas que se le opongan.

La vigencia de Djokovic parece, por momentos, ser un poder mágico imposible de contrarrestar. En 2022 se perdió varios certámenes por su postura antivacunas. Se ausentó de Australia, Indian Wells, Miami y toda la gira que desemboca en el US Open. Es decir, faltó a dos Grand Slams y cuatro Masters 1000.

Lo que disputó le alcanzó para mantenerlo agazapado a la espera de una oportunidad para cazar otro título grande y quedarse con el N°1. El año pasado fue el más ganador con cinco campeonatos, aunque Wimbledon no le otorgó puntos ya que la LTA prohibió la participación de los tenistas rusos y bielorrusos por la invasión a Ucrania y a último momento la ATP y la WTA dispusieron que el torneo más prestigioso no daría premios numéricos. Desde Londres hasta Australia, llegó a la final de todos los torneos que disputó.

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Durante 2022 se escuchó en cuantiosas oportunidades la misma frase: “Hay un N°1 del ranking y un N°1 del tenis. Este último es Djokovic”. El ruso Daniil Medvedev y el español Carlos Alcaraz se repartieron el primer puesto con el serbio. Pero les duró poco.

Es difícil saber en esta instancia cuánto tiempo conservará “Nole” ese lugar, o cuántos títulos más festejará. La mayor de las certezas es que está parado en la frontera de la historia, una vez más. Si la final de Wimbledon 2019 que le ganó a Roger Federer fue el partido que definió a los tiempos que corren, Roland Garros podrá transformarse en un hito para este deporte. Allí, Nadal, en una de sus últimas funciones, y el propio Djokovic dirimirán quién se hará inmortal. En el cierre de sus carreras, todavía son los máximos favoritos a todo.

El –viejo- nuevo número 1 del mundo no podrá borrar fácil el escándalo que protagonizó en Australia en medio de una lucha de poder con el gobierno de Victoria. Su figura de autoridad en el tenis y su ideología antivacunas lo llevó a ser de héroe a villano, pero su tenis lo devolvió al rol de semidios deportivo, aunque vulnerable emocionalmente como demostró al vencer a Tsitsipas y llorar en el piso del box que ocupaba su equipo de trabajo.

“Es probablemente la victoria más importante de mi carrera”, pronunció ya con el trofeo en la mano, palabras que evidencian la tensión por lo vivido y la hegemonía que todavía sostiene. Tsitsipas, rendido y enojado, eligió la contundencia: “Es el más grande que haya sostenido una raqueta de tenis”.

https://twitter.com/AustralianOpen/status/1619674912670482432

Djokovic igualó a Nadal con 22 Grand Slams y ahora irá por Margaret Court y, por qué no, ganar los cuatro en una misma temporada, algo que en el circuito masculino no ocurre desde que el legendario Rod Laver lo lograra en 1969. Una conquista que, a priori, parece difícil es llegar a los 109 títulos obtenidos por Jimmy Connors: con su décimo Abierto de Australia alcanzó los 93, uno más que “Rafa” y uno menos que Ivan Lendl.

Los récords de veteranía todavía están por verse, pero ¿quién puede dudar que el serbio podría llegar en plenitud a los 40 años? El 22 de mayo cumplirá 36, y aunque la distancia luce grande, la mejor versión de Djokovic llegó luego de los 30 (en esta etapa ganó 10 Grand Slams), con una mejor gestión de su físico, enfocado en los grandes torneos y con una leyenda que lo antecede y provoca miedo en cualquier rival.

“Nole” parece ser quien derribe todos los hitos del Big 3. Con Federer retirado y Nadal acechado por lesiones y un final en un horizonte no muy lejano, el mejor jugador del mundo tiene la historia por delante. Será responsabilidad de los jóvenes ascendentes, que aún lo respetan en demasía y le temen, impedirlo, aunque el serbio se sabe superior y favorito siempre.

Hace un año, Djokovic perdía la posibilidad de arrasar en el circuito por sostener sus convicciones, discutibles o no. En cuanto a lo deportivo, todo hace indicar que la apuesta le salió bien más allá del peligroso mensaje. Desde la cima del tenis su poder sigue en ascenso, y su vigencia, quizás misteriosa como las artes mágicas, parece no tener amenazas.

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