Otro tropezón y afuera
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La noche contenía matices dramáticos para los dos países que más medallas mundialistas acumulan en su palmarés, un total de nueve cada uno -contando las conquistadas por los yugoslavos antes de la división provocada por la guerra de los Balcanes a principios de los años noventa-.
Al perdedor le esperaba un duro revés histórico, un verdadero mazazo en toda la línea de flotación, y eso es lo que un grupo de individualidades incapaces de hacer equipo recibió como premio a su prepotencia: el estigma del fracaso eterno.
El choque dibujaba un panorama aterrador para los locales. El día anterior, en el mismo escenario, el Conseco Fieldhouse, cancha de juego de los Indiana Pacers, es decir, en el mismo corazón del baloncesto, los profesionales de la NBA caían por primera vez en una competición internacional ante una exultante Argentina.
Después de 58 victorias consecutivas, tres títulos olímpicos (Barcelona'92, Atlanta'96 y Sydney 2000) y un Mundial (Toronto'94), las todopoderosas estrellas del profesionalismo hincaron la rodilla, y en su propio terreno, lo que hace aún más doloroso el estigma que ya ha recaído sobre este supuesto 'Equipo de Ensueño' ('Dream Team'), ahora más bien 'Nightmare Team' ('Equipo de Pesadilla').
En el caso de los europeos siempre quedaba abierta la puerta de la revancha norteamericana para justificar su primera ausencia del podio en 48 años, aunque sonase a excusa porque, salvo en las ediciones mundialistas de 1950 y 1954, Yugoslavia ha estado en los metales siempre que ha participado -falló en 1959 y 1994-.
El 9-0 que los hombres de Svetislav Pesic situaron en el marcador nada más empezar a jugar silenció a los numerosos aficionados locales que habían acudido al pabellón para dar aliento a los destronados ídolos de las barras y las estrellas. Por contra, el nutrido grupo de seguidores 'plavi' hervían de emoción.
La alegría era doble. El resultado bastaba para dar botes. La súbita aparición en escena de Vlade Divac, oscuro durante todo el campeonato, también. El pívot de los Kings de Sacramento cambia cuando juega en el ambiente NBA y los dieciséis puntos que anotó entre el primer y el segundo cuarto lanzaron a Yugoslavia a un esperanzador 40-36.
Los hombres de George Karl enfilaron el vestuario con la vista clavada en los pies. Los del Viejo Continente, circunspectos, concentrados, convencidos de obrar el milagro. Pero faltaba mucho.
Sin embargo, el equipo de George Karl no pudo, no supo y, sobre todo, carece del talento para hacerlo. El baloncesto de la NBA está estancado hace años, por eso llegan tantos jugadores internacionales, Pau Gasol es el mejor debutante del año y el chino Yao Ming el número uno del último 'draft'.
Así que Yugoslavia hizo lo que mejor sabe hacer, jugar al baloncesto -por algo es la campeona del mundo- y tuvo premio, el premio de una victoria histórica, una semifinal contra Nueva Zelanda y la posibilidad de revalidad un título que muchos creían ganado de antemano por Estados Unidos.



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