Marcelo Gallardo deja en el camino al arquero Marcelo Pontiroli y convierte el segundo gol de River, que le ganó con comodidad a Quilmes.
River dominó a voluntad y mostró una superioridad ante Quilmes más amplia que el 4 a 0 final. El trabajo de Marcelo Gallardo como eje del equipo y las apariciones ofensivas de Luis González y Sambueza fueron demasiado para un mediocampo con muchos jugadores de marca, que esta vez no marcó a nadie.
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River manejó la pelota y los tiempos del partido. Lo derrotó psicológica, física y futbolísticamente a un Quilmes que tuvo una semana difícil después de la detención en Brasil de Leandro Desábato.
No ganó por más goles, porque con el resultado asegurado River empezó a regular sus fuerzas para el partido del jueves ante el Olmedo por la Copa Libertadores de América. Tanto, que se dio el lujo de reemplazar a Farías, Gallardo y Luis González.
Quilmes no fue nunca un rival de cuidado. Intentó trabar la pelota en el mediocampo con Andrés Pérez, Galdames y Peñalba en función defensiva, pero nunca pudo cortar el circuito de River que nacía en los pies de Mascherano y continuaba en Luis González y Sambueza. Un dispositivo que se concretó en los pies y el cerebro de Marcelo Gallardo, que no sólo fue el organizador de todos los ataques, sino que marcó dos goles de gran categoría.
Delante de ellos Gastón Fernández se movió con inteligencia alternando por los dos costados y Ernesto Farías jugó de «pivot» dentro del área entre Alayes y Avendaño, a los que les ganó incluso en el juego aéreo.
Quilmes intentó muy poco y mal, por eso Costanzo intervino nada más en una salida fuera del área en el primer tiempo y una atajada «cómoda» ante un débil remate de Bastianini.
Tanto Ameli como Tuzzio tuvieron una tarde tranquila y el capitán se dio el gusto de marcar un gol, empujándola en la línea tras un pase de Farías, que estaba en posición adelantada pero no fue advertido por el árbitro Elizondo.
Los laterales tuvieron una buena tarea, pero más en ofensiva que en función defensiva. Barzola se proyectó menos que Mareque, pero tuvo un remate de 30 metros que hizo lucir a Pontiroli, mientras que Mareque fue casi un delantero más jugando más tiempo en campo contrario que en el propio.
Para que haya un resultado tan amplio entre dos equipos de primera se tienen que dar dos circunstancias. Que un equipo juegue muy bien y el otro mal. Esto pasó ayer, porque River desplegó todo su juego de habilidad e ingenio, con el mejor Gallardo y Quilmes jugó uno de sus peores partidos. Lo que está en discusión es si una cosa es consecuencia de la otra o no. Esa discusión nunca tendrá una conclusión definitiva. Porque en fútbol todo es temporal. Pero hoy por hoy River demostró ser el mejor equipo de nuestro fútbol doméstico y eso no es poco.
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