Hay personas que no creen en la suerte. Argumentan que el destino lo forja uno mismo y la suerte es una consecuencia del esfuerzo y el talento. Para ellos va a ser muy difícil explicar cómo ganó Boca. Porque si bien fue el dominador del juego y el que más atacó, consiguió su objetivo cuando faltaban 5 segundos para el pitazo final y en una jugada con una carambola digna del mejor jugador de billar. El empate parecía cosa juzgada. Boca tenía un hombre más desde los 9 minutos del segundo tiempo cuando Gabriel Favale expulsó injustamente a Pablo Verón, pero no podía sacar diferencias. Desconocido Guillermo Barros Schelotto, sin desborde Estévez y con mucha voluntad, pero sin claridad Tevez, los ataques de Boca eran desordenados y finalizaban siempre en las firmes manos de Olave, que era la figura de la cancha.
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Cuando salió Iarley, que mostró en su debut chispazos de su calidad, Gimnasia defendía el empate con todo lo que tenía. Hubo un centro más al área. No pudo despejar Olveira. Tevez tiró un inofensivo taco que rebotó en Goux, y la pelota, que podía ir a cualquier lado, le quedó a tiro de remate a Battaglia, que le pegó fuerte y recto, y el balón se metió en el arco ante la impotencia de Olave que estaba tapado por sus dos zagueros. Boca ganaba otra vez a lo Boca, con ese teléfono celular con el cielo, que dice que tiene Bianchi. Informate más
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