La historia del US Open, el único Grand Slam que nunca se suspendió

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El Abierto de EEUU nació en 1881 luego de una apuesta de un magnate de los medios que decidió formar su propio club. Tras casi un siglo y medio, ni las Guerras Mundiales ni el coronavirus lograron frenar al segundo torneo más antiguo.

Nueva York pelea día a día para volver a ver la luz en medio del infierno del coronavirus. Eso no impide que los millones, los negocios y las disputas continúen con su dominio en el terreno. El show debe seguir, y el US Open no es ajeno. Su origen también estuvo ligado a un conflicto de poder, al dinero y a un hombre que tuvo una vida de película.

El Abierto de EEUU no pudo ser frenado en 140 años de vida ni por la angustiante pandemia y arrastra así un récord magistral: es el único Grand Slam que jamás fue suspendido. Los otros tres, especialmente en tiempo de Guerras Mundiales, fueron cancelados. Sin embargo, esta decisión de la USTA para la edición 2020 llevó una amplia discusión con los diferentes actores para acordar medidas extremas y que se dispute en tiempo y forma.

La historia del segundo torneo de tenis más longevo del mundo se remonta a un conflicto de la alta sociedad local. Por aquél entonces el deporte de las raquetas estaba en ciernes y era una actividad de millonarios y excéntricos. Ambas cualidades encajan a la perfección en la figura de James Gordon Bennett Jr.

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Bennet Jr. era hijo del dueño del New York Herald, uno de los diarios más importantes de EEUU a mediados del siglo XIX. Luego de la muerte de su padre asumió el control del periódico, que también tenía su versión europea, el Paris Herald. En dicha ciudad, Bennett se educó y tomó contacto con el tenis.

Con el regreso a América consumado, potenció los negocios del Herald y llegó a financiar diferentes expediciones para lograr las exclusivas de los personajes esenciales de cada historia. La más reconocida de estas empresas fue el sponsoreo de la misión al Polo Norte de 1878 en la que finalmente murió George DeLong.

La primera competencia transatlántica de yates estadounidenses -actividad que lo apasionaba-, carreras de autos en Inglaterra, el primer partido de polo y promotor del tenis en su país, Bennett vivía al ritmo de la sociedad de aquellos tiempos. No obstante, siempre fue una figura disruptiva.

Era miembro del Club de Lectura de Newport, en Rhode Island, el estado que media entre Nueva York y Boston, los dos titanes de EEUU. A comienzos de 1880 desafió a un militar británico amigo suyo de ingresar hasta el lobby a caballo, lo cual estaba prohibido. Tras cumplir con el reto, los directivos de la entidad resolvieron echar a Bennett, que buscó venganza con rapidez.

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La actualidad del Casino de Newport. Ya no alberga al US Open, pero sigue jugando tradicional torneo sobre césped y es la sede del Salón de la Fama del tenis.

La actualidad del Casino de Newport. Ya no alberga al US Open, pero sigue jugando tradicional torneo sobre césped y es la sede del Salón de la Fama del tenis.

El empresario periodístico agitó sus influencias y en pocas semanas ya estaba construido el elegantísimo -y súper exclusivo- Casino de Newport, destinado a cumplir todos los pasatiempos de los ricos de entonces, incluidos el polo, tenis y cricket. “El nombre no está relacionado con las apuestas. Deriva de la palabra italiana ‘la casina’, que significa pequeña casa”, se explica en el sitio oficial del actual torneo.

Dicho certamen forma parte del calendario ATP y es de categoría 250. Allí se estableció la sede del Salón de la Fama del tenis, oficializado en 1986. La elección del lugar no fue casual: en 1881 se disputó en el mismo club el primer US Championship, como se lo denominó entonces.

Los miembros más destacados de la sociedad estadounidense hacía poco tiempo que practicaban el deporte blanco, pero no estaban formalizadas las reglas y toda normativa pertenecía al All England Club, entidad que organizaba el campeonato de Wimbledon desde 1877. Cuatro años después, en una reunión de un hotel de la Quinta Avenida de Nueva York se resolvió crear la United States National Lawn Tennis Association (USNLTA), hoy conocida como USTA.

Por unanimidad se eligió al club de Bennett -que apenas cumplía un año desde su construcción- para albergar el nuevo certamen. El 31 de agosto de 1881 -la misma fecha comenzará la edición 2020-, se presentaron 25 jugadores. Richard Sears, destacada figura de Boston, se coronó en el césped de Newport, y lo haría por siete años consecutivos. Fue una de las primeras leyendas del tenis mundial.

Today, after a nearly three month pause, tennis returned (safely!) to the Hall of Fame Tennis Club! It was great to see the balls bouncing again on our newly resurfaced grass courts ☀️⠀ @kwl_photo⠀#grasscourts #tennis #tenniscourts #tennishalloffame #sunshine #newport #summertime

Antes de la Gran Guerra, el US Open se mudó a Nueva York, y para comienzos de la década de 1920 unificó la sede para los cuadros masculinos y femeninos.

Bennett nunca pude ver la trascendencia que adquirió el torneo al que albergó y le dio forma. En casi 140 años de vida, jamás se suspendió, y en 2019 batió un récord: fue el premio monetario más grande de la historia, con u$s 57 millones, repartidos en partes iguales entre hombres y mujeres en todas las modalidades.

La de este año no será una edición más. Más de la mitad de todos los circuitos de tenis están paralizados por el coronavirus, y las presiones comerciales no decrecen a pesar del temor general de unos y del intento de sentido común de otros. Los sponsors, y especialmente las cadenas de TV que desembolsaron grandes sumas por los derechos, juegan su parte.

El clima anti racismo que se desató en EEUU tras la muerte de George Floyd incide directamente en un 2020 que tendrá, hacia fin de año, las elecciones presidenciales. Cada factor tendrá un costo, y la falta de un evento como el US Open podría generar otro caos más.

Quedaron en el olvido los caprichos de los millonarios de Nueva York y aledaños, pero las enormes sumas de dinero siguieron danzando para agigantar un torneo que todos quieren ganar. Hubo cambios de superficies, nombres ilustres y ediciones arraigadas en la memoria argentina. Todo en casi un siglo y medio de vida en el que el show siempre continuó.

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