3 de abril 2003 - 00:00

ALCA y Unión Europea, a 2007

A pesar de que la guerra de Medio Oriente ocupa un lugar casi excluyente en cumbres como la que se realizó en Buenos Aires, en el CARI los expertos internacionales discutieron cuestiones comerciales y económicas que rozan más directamente a la región en lo inmediato. Una primera conclusión a la que se llegó de manera casi unánime es que las tres negociaciones internacionales que se realizan en materia de comercio, tal vez se demoren hasta 2007 para una conclusión. Tanto la «Ronda de Doha» de la OMC (con final previsto en 2004), las tratativas entre la Unión Europea y el Mercosur como entre los países del continente por el ALCA (con final agendado para 2005) deberán ajustar sus calendarios a una marcha más lenta.

Otra previsión de estos expertos, que conocen muy bien el funcionamiento y criterio de las burocracias de sus países en materia de política comercial, fue que si no se incluye la eliminación de subsidios, de los precios sostén y de las políticas de restricción paraarancelarias en el comercio agrícola no habrá acuerdo alguno para concluir las negociaciones actuales. Si bien los Estados Unidos apoyan la impugnación sudamericana a los subsidios europeos, Carla Hills aconsejó que los países latinoamericanos deberían cerrar tratados parciales sobre otras materias y apostar a que finalmente habrá una flexibilización en el proteccionismo agrícola. Pero no logró convencer a brasileños, argentinos y, sobre todo, mexicanos. La discusión llegó a un nivel de fervor que obligó a uno de los representantes de México a distender el ambiente con un chiste: «Un francés llega a su casa y encuentra a su esposa con un amante. ¿Qué hace? Mata al amante. Un italiano encuentra a su mujer con un amante. ¿Qué hace? Mata a su mujer. Finalmente, un mexicano encuentra a su esposa con un amante. ¿Cómo reacciona? Mata a un norteamericano».

Sobre la perspectiva global de la macroeconomía en el CARI se expresaron algunas preocupaciones sobre el déficit de los Estados Unidos. De los u$s 220.000 millones de deuda con que Bill Clinton dejó el gobierno se pasó ahora a u$s 300.000 millones, sin contar la ampliación presupuestaria de u$s 75.000 millones reclamada por George W. Bush al Congreso. Este cuadro hace presumir una suba en la tasa de largo plazo con un efecto deflacionario.

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