Asunción (enviado especial) -El Mercosur cumplirá hoy 10 años de formación como proyecto de unión aduanera en el que por lejos es su peor momento. Con un clima decididamente malo, los presidentes de la Argentina, Fernando de la Rúa; Brasil, Fernando Henrique Cardoso; Paraguay, José Luis González Macchi; Uruguay, Jorge Batlle; más los invitados de siempre, el chileno Ricardo Lagos y el boliviano Hugo Banzer, inaugurarán hoy oficialmente la XX cumbre de jefes de Estado del bloque que nuevamente se organiza en el Hotel Yacht & Golf Club de Paraguay. Fernando de la Rúa ingresó ayer a las 19.30 en punto y, casi como enfrentando el clima que le espera para hoy, mostró su mejor sonrisa cuando en el mismo lobby del hotel el grupo folklórico local Los Angeles del Paraguay entonó una versión de «Zamba de mi esperanza» con instrumentos típicos paraguayos.
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«No me podían recibir mejor», saludó el argentino, enfundado en un clásico sobretodo verdoso con que intentó aplacar el inusual frío asunceño.
El mal momento que deberán remontar los presidentes es el peor que hayan podido imaginar. El «niño malo» de la fecha es la Argentina, país al cual los dos socios menores, Uruguay y Paraguay, no perdonan la decisión de crear la «convergencia» y responsabilizan directamente y con nombre y apellido a Domingo Cavallo por toda la situación. Brasil no se queda atrás y, aunque haya respaldado públicamente las medidas proteccionistas que lanzó el ministro de Economía argentino desde que volvió a su cargo, el gobierno de Cardoso está preparado para lo que saben será la embestida final de Cavallo. Esto será cuando el real continúe devaluándose contra el dólar y literalmente se «coma» la ventaja competitiva que provocó 8% para el comercio exterior que impone el «empalme».
Descuentan que más tarde o más temprano Cavallo llamará a su par brasileño, Pedro Malan, para pedir más comprensión y aceptar otro tipo de medidas más complicadas que afecten directamente las exportaciones brasileñas de productos como informática, bienes de capital, textiles, calzado y telecomunicaciones, entre otros. Dicen los negociadores del gobierno de Fernando Henrique Cardoso que en ese momento desde Itamaraty saldrá la orden de «pintarse la cara» y comenzar otro tipo de relación. «Sucede que sabemos que lo que quiere Cavallo es que más tarde o más temprano terminemos siendo un proyecto de libre comercio y no una unión aduanera. Sabemos también de qué manera trabaja Cavallo con los tiempos», reflexionaba un legendario negociador brasileño del Mercosur.
La tensa reunión de ministros de Economía de bloque se llevó adelante el miércoles pasado en este hotel, y en ausencia de Cavallo el secretario de Finanzas, Daniel Marx, debió estoicamente atender los reclamos de los socios argentinos y deslizar, indirecta y diplomáticamente, que para el país sería imposible de soportar una continuidad en la devaluación de las monedas del bloque, lógicamente comenzando por el real. Esa posición, de la que informó ayer Ambito Financiero, continuó en boca de Cavallo cada vez que se cruzó con algún negociador del Mercosur.
La situación de real y su devaluación continua también es otra molestia para el bloque. Hace sólo dos años y medio, en diciembre del '98 la moneda brasileña cotizaba a algo más de un real por dólar, mientras ya es claro que el temor generalizado es que en las próximas semanas la cotización rondará los 2,5 reales por cada moneda norteamericana. Además, los industriales paulistas de la Federación Industrial de San Pablo (FIESP) mantienen hoy una actitud que fue calificada como «talibán» por el canciller brasileño, Celso Lafer, al haber definido directamente la situación actual como el «fin del Mercosur». No es una oposición menor. La FIESP es la mayor unión industrial del bloque.
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