2 de agosto 2007 - 00:00

Avatares de la gira

Hugo Chávez
Hugo Chávez
Kirchner le ofreció a Felipe Calderón acercar posiciones con Hugo Chávez, con quien México tiene sus relaciones diplomáticas casi cortadas. No fue la única oferta que se escuchó en la reunión que mantuvieron los dos presidentes el primer día de la visita en el despacho presidencial. Calderón le prometió mediar con Cuba para resolver algunos problemas que llevaron a la Argentina a un enfriamiento con la isla de Fidel Castro. Con la gracia de EE.UU. mediante, México prometió acelerar con Cuba alguna solución para el caso de Hilda Molina -una afrenta de Castro que Kirchner nunca olvidó- y hasta mediar por la deuda impaga. Chávez se sumó ayer al ofrecimiento y comenzó a propalar que la inclusión de México en la unión latinoamericana era un paso imprescindible.

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Como en todo viaje, el gobierno anunció al final las inversiones prometidas que gusta traer como regalo de vuelta a la Argentina. No puede criticarse a Kirchner por la intención; otros presidentes lo hicieron antes, como Carlos Menem o Fernando de la Rúa, aunque a este último los empresarios nunca le cumplieron, ni siquiera con los u$s 3.000 millones en telecomunicaciones con que quiso comenzar a apagar el incendio de su gobierno. De los u$s 1.000 millones en inversiones para tres años que anunció Miguel Peirano, se conoció que Carlos Slim aportará una parte en extensión de sus servicios de telefonía. Otro tanto hará FEMSA, embotelladora de Coca-Cola, y habrá también fondos para el placer: Mayan Resorts abrirá una cadena de hoteles. Bimbo anunció también que abrirá una planta en sociedad con Arcor.

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Durante los tres días de visita a México no hubo demasiadas oportunidades para desplegar el gusto de Cristina Fernández por los museos. Una de esas ocasiones fue de la mano del propio Felipe Calderón Hinojosa y su esposa, que hicieron de guías en el Museo de Bellas Artes. La senadora quería ver una muestra de Frida Kahlo y le dieron el gusto. Como si se tratara de una salida de parejas, todo terminó con cena a solas en la residencia de Los Pinos, el símil de la quinta de Olivos.

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