Un nuevo reclamo llegará hoy desde Nueva York para que el gobierno comience ya una negociación de «buena fe» para reestructurar la deuda en default. Será durante el segundo encuentro que mantendrá el comité global de acreedores, que tiene bonos por u$s 37.000 millones. Esta reunión será utilizada para aumentar la presión justo cuando el FMI se encamina a aprobar la segunda revisión de metas, que tiene como tema central los avances sobre la reestructuración. Los bonistas desconfían de las verdaderas intenciones de Roberto Lavagna para negociar, y afirman que la designación del sindicato de bancos no asegura una oferta justa. El equipo económico enviará en carácter de «observador» al encargado de la oficina de representación financiera en Washington.
Un nuevo round entre el Comité Global de Acreedores y el Ministerio de Economía sucederá hoy en Nueva York. Tras dos meses y medio de contactos prácticamente cortados, a las 14 hora local (las 16 de Buenos Aires) el encargado de la oficina en Washington, Federico Molina, participará en la segunda parte de la reunión de bonistas en carácter de «observador».
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La última vez que se encontraron los acreedores con un funcionario del gobierno argentino fue con el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, el 4 de diciembre. Pero desde entoncesse produjo una serie de cortocircuitos que dejaron sin diálogo a ambas partes.
El encuentro de hoy fue organizado por el Global Committee of Argentine Bondholders (GCAB), en el que participan distintas asociaciones que representan a bonistas de Italia, Alemania, Japón y los Estados Unidos. Básicamente, procurarán que el gobierno argentino inicie rápidamente las negociaciones formales para buscarle una solución a la deuda en default. Las acreencias en títulos de la deuda argentina que suman sus miembros asciende a u$s 37.000 millones. El lugar elegido para el encuentro es sugestivo. Se trata de la sede de Teachers Creef, un fondo de pensión que maneja el dinero para la futura jubilación de miles de maestros en los Estados Unidos, que invirtió una parte de su activo (más de u$s 500 millones) en bonos argentinos. El mensaje es claro: también en el exterior existen pequeños y medianos ahorristas damnificados por la cesación de pagos.
Se espera que el encuentro con Molina tenga características más bien técnicas, en donde se discutirá el margen de maniobra que tiene el gobierno argentino para cumplir con la deuda en default. Básicamente, el planteo será que existe capacidad de pago suficiente como para mejorar notablemente la propuestade quita nominal de 75% en la que viene insistiendo el gobierno.
Claro que en cuanto a los plazos, el equipo económico piensa diferir las negociaciones con los acreedores hasta no avanzar más claramente con algunos detalles de la oferta. Puntualmente, esperan primero pasar la revisión del FMI, que culmina a fines de esta semana. Por lo tanto, recién la semana que viene se producirán los primeros contactos con los tres bancos internacionales (Merrill Lynch, UBS y Barclays) que fueron nombrados como organizadores de la renegociación.
Otra de las tareas que tiene pendiente la Secretaría de Finanzas, a cargo de Guillermo Nielsen, es la designación del banco que se hará cargo de la reestructuración en Japón. Esperan, en realidad, convencer a Nomura para que participe, ya que la institución no aceptó la invitación inicial formulada por Economía para que forme parte del sindicato. «Ahora que ya está claro quiénes se harán cargo de la colocación internacional, probablemente consigamos convencerlos», confiaban en el Palacio de Hacienda.
El comité global, además, no avanzará con demandas legales contra el gobierno por el default, pese a que algunos miembros insisten con esta postura. Por lo tanto, aunque harán presión para que arranquen las negociaciones de «buena fe» seguirán teniendo paciencia para recibir una respuesta concreta por parte del ministro de Economía, Roberto Lavagna.
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