9 de junio 2003 - 00:00

Cómo aumentar la recaudación bajando impuestos

Recientes declaraciones del titular de la AFIP reiteran que la evasión impositiva ronda los 20.000 millones de pesos anuales, cifra que es compartida por diversos estudios privados.

Considero que puede construirse un proyecto de reforma fiscal que capture no menos de 5.000 millones, afectando únicamente a los evasores y beneficiando a los cumplidores. la propuesta que formularé a continuación está centrada en la bancarización, el control del IVA y la reducción de alícuotas impositivas. La misma fomentará la inversión, la exportación, mejorará la competitividad, incrementará los depósitos bancarios y tornará más equitativo el sistema impositivo, al hacer más costosa la evasión y las prácticas comerciales que la favorecen. La premisa para lograr el éxito es focalizarse en el control del IVA y generar condiciones que tornen desventajoso tanto económica como financieramente operar en negro. Estas son las ideas básicas:

El Impuesto al Valor Agregado pasará a liquidarse por el método de lo percibido. Necesariamente, habrá un período de transición, estimado en 4 meses, para lograr su implantación y resolver aspectos técnicos.

Simultáneamente con una cuenta corriente o caja de ahorros, todo contribuyente tendrá una cuenta bancaria fiscal (CBF), vinculada a la CUIT, de saldo totalmente indisponible para su titular, en la entidad financiera que él designe. La cuenta registrará cada una de las imputaciones que se generen, conforme se liquiden bancarizadamente sus cobranzas y pagos. Al momento de producirse la cobranza bancaria de las operaciones, el banco designado actúa como agente de retención del débito fiscal contenido en el precio automáticamente, registrando la retención efectuada y el débito nacido en la CBF del vendedor. El crédito fiscal será computable en tanto provenga de una operación cancelada con medios bancarios de pago (MBP). En oportunidad de registrarse esa cancelación, se acreditará en la CBF del comprador el crédito fiscal respectivo.

Las operaciones bancarizadas estarán bonificadas y tributarán una tasa de 17%. Las que se realicen en efectivo continuarán pagando 21%. En este caso, nace el deber legal del vendedor de depositar bancariamente la cobranza, y la entidad financiera actuará como agente de retención, registrando el débito fiscal y la retención practicada. Los pagos en efectivo no generan contrapartida de crédito fiscal en la CBF del comprador.

Las extracciones de dinero en efectivo superiores a $ 2.000 al mes tendrán una tasa mayor en el Impuesto a los Débitos y Créditos. Dicho impuesto tendrá una reducción de 20% de la tasa actual en sus alícuotas, excepto para las operaciones de retiro de efectivo.

• Unificación

Deben eliminarse las categorías de responsables no inscriptos, el monotributo y los regímenes de retención. Resultaría conveniente unificar las alícuotas.

Al tener que facturar el IVA como cualquier responsable inscripto, tanto los regímenes promocionales como los exentos quedarán totalmente externalizados. Simplemente, a medida que vayan generando operaciones sujetas al beneficio promocional, se les acreditará mensualmente en su cuenta corriente el IVA del beneficio, de modo de compensar el impuesto retenido en exceso. De igual modo operarán las exenciones, produciendo la devolución del IVA en cabeza del beneficiario siempre que hubiera utilizado MBP.

El sistema debe potenciarse con regímenes de percepción específicos en actividades de alto valor agregado.

Al cierre del período fiscal (cada mes), la CBF suministrará toda la información para liquidar el IVA. También se conocerá el monto a reintegrarse al contribuyente en su cuenta bancaria, que necesariamente coincidirá con la sumatoria de créditos provenientes de compras canceladas con MBP. Los saldos a favor reiterados indicarán fuertes presunciones de evasión.

Resumiendo: el IVA pasaría a ser un impuesto recaudado automáticamente en bancos y directamente sobre las ventas. Seguirá siendo plurifásico y no acumulativo, porque al cierre de cada mes se reintegra el crédito fiscal de las compras.

Queda claro, entonces, que habrá reducciones efectivas de impuestos y precios para los que operen con medios bancarios de pago y que las exenciones sólo beneficiarán a quienes operen dentro del sistema. La metodología propuesta dificultará financiarse con el Estado a evasores y morosos. No podrán adulterarse montos declarados para retener el IVA cobrado a clientes. Las facturas apócrifas, de ahora en más, pagarán la totalidad del impuesto. La tarea de la AFIP, de detección rápida de los «bolsones de evasión», se simplificará. También se reducirá la tarea administrativa interna y habrá una importante disminución de juicios de apremio.

Los exportadores tendrán un inmediato acceso a las devoluciones del impuesto efectivamente pagado, el resto de los contribuyentes no inmoviliza capital de trabajo y se resuelven cuestiones técnicas controvertidas, como es el tratamiento de los deudores incobrables.

Las entidades financieras verán un importante crecimiento de los depósitos transaccionales, lo cual les permitirá compensar parte del costo de administración del proyecto y otorgar crédito.

Esta propuesta se complementa con modificaciones en el Impuesto a las Ganancias, que beneficiarán sustancialmente a la clase media ya que, al estar bancarizada, podrán deducirse del tributo importes que triplican los actuales mínimos, en tanto respondan a erogaciones canceladas con MBP. Lo mismo sucederá con las retenciones a la exportación, que gradualmente serán computadas como pago a cuenta del citado tributo. Con un método simple se castigarán los créditos ficticios generados a través de operaciones financieras. El tema precios de transferencia, con un sencillo mecanismo de retenciones y/o percepciones, podrá mejorar rápidamente los «puntos de fuga» que hoy existen. Los impuestos patrimoniales deben ser trabajados coordinadamente con los fiscos provinciales, lo que potenciará su recaudación.

Los trabajadores autónomos no tendrán más una contribución fija a la seguridad social y tributarán en función de sus ingresos.

La disminución de las cargas sociales para todos aquellos contribuyentes bancarizados resulta imprescindible y puede financiarse. Esto forma parte de una propuesta, compatible con las reducciones previstas en el Impuesto a las Ganancias y en el IVA.

Entonces, ¿qué empresario o comerciante trabajará en negro, cuando si lo hace bancarizadamente tendrá crédito fiscal, mayor mínimo no imponible, reducción de cargas sociales y alícuotas inferiores a la de sus competidores? La respuesta es obvia. Los tramposos. Sobre éstos tendrá que concentrarse la AFIP. Y su detección será mucho más sencilla, precisamente por la divisoria de aguas que impone el nuevo esquema.

Una regularización de fondos en moneda extranjera, destinada a generar crédito barato en dólares, para nuestras empresas exportadoras; la apertura del régimen de presentación espontánea y plan de facilidades que ayuden a las empresas con dificultades; una reforma a la Ley de Procedimientos Tributarios, que penalice el dinero en efectivo no justificado, y la adecuación de ciertos aspectos de la Ley Penal Tributaria, son complementos importantes de la idea central.

Como podrán apreciar nuestros gobernantes, pueden obtenerse significativos incrementos recaudatorios disminuyendo impuestos, y que sean solamente los evasores quienes financien la reducción de los mismos. ¿Les gustó la idea?

(*) Ex titular de la DGI

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