Seguimos con «cupones» que tienen que ver con la Dra. Ana Verchik y su exposición en la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, que versaba sobre derivados financieros. Dejábamos ayer, en la bisagra sobre la historia anterior y la que se vive hoy, quedando a elección del lector si prefiere una u otra. Lo cierto es que ya casi nada es lo mismo. Varios de los factores fueron prolijamente enumerados en la secuencia que propone la Dra. Verchik. Corresponde ahora repasar que «la expansión de los negocios internacionales acrecienta las oscilaciones entre distintas tasas y monedas, por lo que se hizo necesario crear modernos instrumentos globales para solucionar los nuevos interrogantes que economías estáticas no planteaban». «De ahí a colocar los fundamentos de una novísima teoría de las finanzas bancarias y empresariales, que cambió el enfoque de las tomas de decisiones de riesgo, inversión y financiación, hubo sólo un paso, que se conoce como: la revolución de los derivados...».
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La idea para aumentar la eficacia económica de las corporaciones e instituciones financieras generó el gran estallido de estos años y, nos sintetiza la Dra. Verchik, «se denominan derivados los acuerdos cuya finalidad es acotar los riesgos a que se hallan sometidos los contratos, por fluctuación de las acciones, bonos, índices, swaps, forwards, cuya combinación determina diversas estrategias». «Son contratos autónomos, ya que la expresión 'derivados' refiere que el valor del instrumento depende (deriva) del valor de los activos financieros -como los antes mencionados-o productos subyacentes (commodities), como maíz, trigo, petróleo...». En definitiva, en esto que constituye una miniclase con la virtud de lo breve, la Dra. Verchik nos refiere que en «los futuros, las partes aseguran precio, volumen y plazo, eliminando volatilidad e incertidumbre. Pueden salir de la operación en cualquier momento, no necesitan consentimiento de la contraparte, ni perder tiempo en preavisos. Lo único que deben hacer es efectuar la operatoria inversa: comprar si vendió, y vender si compró. Y así, compensar su posición. Todo, tan sólo sujeto a su decisión, intuición, esperanza o posición frente al riesgo...». Y no pueden faltar «las opciones», para culminar, donde «pagando una pequeña prima, en relación con el total del contrato, se tiene el derecho de elegir entre comprar las acciones o bonos (en un mecanismo llamado 'call') o el derecho de venderlas a un precio prefijado -en un 'put'- y que si no se ejerce tal derecho, implica sólo perder la pequeña prima». El remate de este viaje por los derivados es que «con el uso de ellos se pueden escindir o reducir los riesgos financieros o los efectos cíclicos de la actividad empresaria. Otro de los efectos de estos mercados es que originan mayor cantidad de negocios, ya que los operadores tienen la posibilidad de anticiparse a escenarios futuros». (Gracias por el envío, Dra. Verchik.) Informate más
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