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Lo que sí es sumamente interesante, es recorrer un movimiento corto y comprobar que cuando se respetan los pasos clásicos, el mercado es un concierto de voces, donde no parece ninguna desafinar. Acumular, hacer posiciones, barrer el mercado subiendo el volumen hasta lo que se precisa. Tardarse el número de ruedas que la propia oferta requiera, afirmar los pisos sin tentarse demasiado. Tantear el avance y registrar las reacciones que existen en la «primera línea», del mercado, los que son simples jugadores cortos. Si hay terreno despejado, buscar la aceleración y sacar partido de cierta euforia que se contagia. Después, otra vez medir el ritmo, manejar los límites, y predisponerse a aceptar la «toma de utilidad» que es tan saludable a los movimientos. No colocarle el pecho a las balas, no excitar el volumen agregando más y más sino dejar que sean los precios las naturales «variables de ajustes». Y, una vez producida la brecha, replicar con una contracción de órdenes vendedoras: sin desesperar sino «vender promediando». Esto permite, como sucedió entre jueves y viernes, que de una baja se consiga una reacción positiva. Todo pasa por lo mismo: si la base se formó de buenos compradores, serán buenos vendedores. Y nunca será buen vendedor quien es un mal comprador.



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