14 de enero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Apenas han cerrado los balances de diciembre, tanda que incluye a casi toda la Bolsa, con primer semestre de las que cierran en junio y memorias de los recorridos completos que responden a la extensión calendario. Será un buen momento para medir la verdad de lo que rinden los activos respecto de lo que se paga por los papeles que los representan. No hay que ser un David Ricardo para establecer desde ahora que existirá un incremento de magnitud en los precio/utilidad de las acciones. Teniendo en cuenta lo que han venido creciendo en sus cotizaciones y aquello que pueden hacer las empresas para aumentar sus ganancias. Ganancias que, por otra parte, resultan de las dos clases: las de líneas finales, favorecidas enormemente en 2003 por el giro en reversa del dólar, actuando sobre la zona baja, salvando con el renglón de lo financiero cuadros operativos con serias carencias todavía. Y, la otra, la que sirve para mensurar el estado de una sociedad, proveniente de lo genuino del negocio: lo operativo. Si se quieren trazar cotejos contra esa verdad de lo genuino, tales ratios entre los precios y las utilidades se volverían de una altitud desmesurada (recordar que en el precio/utilidad, cuanto más baja la cifra, mejor. Resume esa realidad virtual, sobre cuántos años se tardarían para recuperar la inversión).

Pero tales balances a diciembre los utilizaremos también en otra dirección: comprobar si han variado, mucho, poquito o nada, las opiniones de los directores respecto del escenario general y el de su sector empresario.

Varias veces apuntamos que cuando se producen hechos discordantes del gobierno en sus reacciones, que son cada vez más a menudo, y se reclama cierto apoyo de los distintos segmentos, siempre, ante cualquier gobierno, la voz pública del empresariado se manifiesta como de solidaridad con las posturas del poder, sea ésta cual fuere. En un medio como el nuestro, donde los revanchismos han sido pan de todos los gobernantes, nadie arriesga a colocarse de punta en una posición de desacuerdo. Pero en la interna, la versión que no reviste un carácter de gran difusión, se han revelado muchos párrafos sobre el estado de situación que veían los directivos y que trasuntaban serios temores ante la carencia de señales claras o de alguna planificación que les diga hacia dónde están yendo. Como era respecto de los balances a setiembre, llegados en noviembre, cabe dejar pendiente la posibilidad de que haya cambiado la opinión y el humor de los grupos de control. Porque recién para enero se estarán escribiendo tales reseñas y perspectivas, muchos ya sobre la hora de entregar el trimestre a la Bolsa, y el chequeo sobre qué se opina suele resultar tanto o más importante que los números del pasado. Habrá que ver cómo congeniar, si se continúa en este ritmo de trepada, el continente con el contenido (o si es que importa hacerlo...)

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