11 de febrero 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

Estamos en otro orden de precios. No se puede calcular en qué ritmo de volumen se ubicará la plaza, después de pasar por esas zonas de gran centrifugado y donde pareció estar dando vueltas, flotando, golpeándose unos papeles con los otros; tal como si se pudiera observar las ruedas de la semana pasada, desde el ojo de buey de un lavarropas. Entre combates fluidos y parejos, seguidos de perfiles de «corridas», la liquidación de órdenes poderosas y la asimilación de las mismas, el monto de lo realizado se fue de marco en varias ruedas. Claro, si se pudiera afirmar un nivel de esos excepcionales $ 100 millones largos, del viernes pasado, otro sería el cantar de inmediato. No hay oferta que resista una aspiradora de tal magnitud. Antes de ello, se había intentado jugar al «achique», generando ruedas de $ 40 millones solamente. Hasta que la estrategia naufragó y se volvió a la perforación de los pisos de precios. Podría acaso estimarse un promedio entre los extremos, esto volvería a ritmo de los $ 70 millones diarios: con tal movimiento, sostenido, tampoco debería existir mucho problema en limpiar la plaza de vendedores fuertes. A ello colabora también el derrape, notorio, en lo que hace a la valuación del Merval y que se fue por la pendiente de los 1.250 puntos. Todo es hipótesis, especulación pura acerca de qué puede existir de escenario, detrás de la corrección realizada. Lo único que volvió a reafirmarse es que organizar un ciclo, darle consistencia, armonía, demanda bastante tiempo y se puede estropear en una semana, según la magnitud del meteoro en solamente un día.

Todas las estadísticas que se realicen, sobre cualquier tipo de mercado, arrojarán que las ondulaciones alcistas son más abundantes, pero más extendidas en el gráfico. En cambio, las bajas son drásticas, erosionan a una notable velocidad y pueden hacer perder, en muy poco tiempo, el trabajo hasta de años. Cuando se quiere «fabricar» una corrección, jugar a la venta en corto para crear la brecha, se sabe cómo empezar, pero es difícil gobernar el movimiento cuando se expande. Posiblemente, esto haya sido por causas naturales, acaso se lo ayudó pretendiendo que de inmediato se podían tomar posiciones abajo. Y si fue así, el demonio se desbocó demasiado. El viernes pasado, después de ver una semana que se llevó la ganancia de todo enero, cundía cierta preocupación para ver cómo hacer para que el demonio volviera a su cueva. Soltarlo todos saben, atraparlo de nuevo es lo que se presenta, después, como difícil de realizar.

La nueva semana está en ejecución, no sabemos cómo comenzó el período, pero todo parecía bastante descalzado y con propensión a los saltos de mercado, en las dos direcciones. Los rebotes, la recuperación técnica, la recaída y el trabajo del día donde se busca la diferencia actuando de un modo al inicio, para cerrar la operación al final. El temor a perforar los 1.000 resultaba la especie más votada, la primera defensa.

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